AC6341-2014 [2007-00145-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

Magistrado ponente  

AC6341-2014  

Radicación    n°  08001-31-03-013-2007-00145-01   

(Aprobado  en  sesión  de  23  de  julio de  2014).   

Bogotá, D. C., veintiuno (21) de octubre de  dos mil catorce (2014).-   

Procede   la   Sala  a  decidir  sobre  la  admisibilidad  del libelo presentado para sustentar el recurso extraordinario de  casación  que  el  actor,  señor JAIME RAFAEL BARRETO  BARRETO, interpuso frente a la sentencia que profirió  el  13  de  abril  de  2012  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla,  Sala  Civil – Familia, en el proceso ordinario de pertenencia que  aquél   adelantó   en   contra   de   la   SOCIEDAD  INO’S LIMITADA.   

ANTECEDENTES  

1.            En el escrito con el que se dio inicio a  este  asunto,  que  obra del folio 1 al 21 del cuaderno principal, se solicitó,  en  síntesis, que se declarara que el actor ganó por prescripción adquisitiva  extraordinaria   el  dominio  del  predio  urbano  localizado  en  Barranquilla,  identificado    con    los    linderos    y    características    allí   mismo  suministrados.   

2.            Tramitada la instancia, el Juzgado Trece  Civil  del  Circuito de dicha ciudad, al que le correspondió el conocimiento de  la  controversia,  le  puso fin con sentencia del 14 de diciembre de 2009, en la  que  denegó  las  pretensiones de escrito introductorio, toda vez que no halló  comprobada la posesión alegada por el demandante.   

3.            El  Tribunal  Superior  de  ese Distrito  Judicial,  Sala Civil – Familia, al desatar la apelación que contra el memorado  fallo  interpuso el señor Barreto Barreto, en el suyo, que data del 13 de abril  de  2012,  lo confirmó, providencia en contra de la que éste interpuso recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  sustentó  con  la  demanda  objeto de  estudio.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

Para arribar a la decisión confirmatoria del  proveído   desestimatorio   adoptado  en  primera  instancia,  el  ad  quem  adujo, en concreto, que el actor  no  demostró  la  posesión  del  inmueble cuya usucapión reclamó, aserto que  sustentó con el siguiente análisis probatorio:   

1.            Los  fallos  judiciales  con  los que se  definieron  los  procesos,  por  una  parte,  posesorio  que  Edgar  Ochoa Ochoa  gestionó  contra  el promotor de este litigio (dictado por el Tribunal Superior  de  Barranquilla  el  25  de septiembre de 1989) y, por otra, reivindicatorio al  que  el  prenombrado  señor  convocó  a Emilio Muvdi y a Jaime Barreto Barreto  (proferidos  por  el  Juzgado Sexto Civil del Circuito de Barranquilla, el 29 de  marzo  de  1996; el Tribunal Superior de esa capital, el 25 de agosto de 1998; y  la  Sala  de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, el 20 de noviembre  de  2005) no acreditan la posesión del aquí demandante, según se desprende de  los  pasajes que reprodujo, sino lo contrario, esto es, que él no ha tenido tal  condición.   

2.             Los  testigos  Alberto  Luis  Zubiría  Camargo,   Luis   Guillermo   González   Gómez  y  José  Humberto  Peña  son  coincidentes  en sostener que “la sociedad demandada  es  la  poseedora  del  bien objeto de este litigio, y no la parte demandante, a  quien desconocen como tal”.   

3.                    La          “inspección   judicial  que  se  practic[ó]  en  el  curso  del  proceso,  no  fue  atendida por el actor, ni por tercero que alegara la tenencia  en nombre de éste”.   

4.            Llama la atención, la manifestación del  propio  actor  contenida  en la demanda (hecho 5º), según la cual “suscribió  un  contrato  de  tenencia con el señor Edgar Ochoa  para  proteger  el  bien  de terceros, es decir que la aprehensión material del  bien  en  cabeza del actor encuentra sustento pero en la calidad de tenedor y no  de  poseedor, y tal convención más que acreditar una posesión, lo que permite  inferir  es que el actor reconoce en (…)    Edgar    Ochoa,    derechos    de    los    que    emanan   del  dominio”.   

5.            La  declaración  rendida  por el señor  Gustavo    Vásquez    Bonilla,    que   transcribió  en  lo  pertinente, “no da  cuenta  de  actos de posesión del demandante en el inmueble objeto del litigio,  toda  vez  que  el mismo declarante manif[e]st[ó] que su labor [de celador] era  ejecutada  desde  el  exterior del [predio] desde el año 1996, lo que evidencia  una  falta  de aprehensión material del bien por parte [de aquél], y más aún  al  afirmar  el testigo que tales labores las realizó hasta la época en que se  suscribió    el    contrato    Ochoa–Barreto,      que     data     del     año     2002”.   

6.            Si bien es verdad que el deponente Anyelo  Díaz      González      emitió     “un  juicio jurídico calificando al demandante como poseedor del  inmueble   objeto   del   proceso,  (…),  tal apreciación carece de una caracterización fáctica, debido  a  que  no  sustentó  con  hechos  concretos  que  el  actor ejerciera actos de  posesión     sobre     tal     bien”.      

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

1.            Cargo  primero: le reprochó al Tribunal  no  haber  apreciado  la nulidad absoluta de la compraventa en virtud de la cual  la  sociedad  demandada  se hizo al dominio del inmueble disputado, contenida en  la  escritura  pública No. 332 del 25 de enero de 2001, otorgada en la Notaría  Décima de Barranquilla.   

En desarrollo de la acusación, su proponente  aseveró  insistentemente  que  el ad quem “dejó  de  apreciar  y valorar” tanto  ese  negocio  jurídico,  como  que con él, la accionada pretendió legitimarse  para  contradecir  la  acción,  omisión  con  la  que dicha autoridad vulneró  diversas   normas   de   los   Códigos   Civil   y   de   Procedimiento  Civil,  particularmente, los artículos 1969 del primero y 60 del segundo.   

Luego de referirse, mediante transcripciones,  a  la  nulidad,  de  un  lado,  de los contratos y, de otro, procesal, el censor  manifestó     que    el    Tribunal    “consolid[ó]    su    error   de   hecho   cuando   (…)  den[egó] la solicitud de nulidad  deprecada  como  adición  de  la  sentencia  (art.  311  C.P.C.),  antes de ser  concedido  el recurso extraordinario de casación interpuesto (art. 331 C.P.C.),  (…),  en  detrimento del  principio  del  control de legalidad (…)”.   

Adelante observó que el juzgador de segunda  instancia  “incurrió  en  su  monumental  error de  hecho,  al dejar de decretar la nulidad absoluta sobre compraventa pura y simple  de  derechos litigiosos, que, con sumo respeto, considero quebranta frontalmente  las  disposiciones  legales  de los arts. 1740, 1741, 1742 del C.C., y se sitúa  en  el  campo  constitucional como nulidad supra legal, al violentarse con ello,  además,  el  principio  del  control de legalidad, objeto de Casación Oficiosa  según  voces  de  nuestra jurisprudencia nacional (arts. 4, 6 C.P.C.; 2, 4, 29,  228 C.N.)”.   

Para  terminar  advirtió  que, “[e]n   suma,   el  error  de  hecho  del  Tribunal  (…),  por dejar de apreciar el negocio  jurídico   absolutamente   nulo  precitado,  es  trascendente,  contraevidente,  contrario  a la realidad manifiestamente establecida por la prueba en cuestión.  Yerro  de  apreciación  que condujo al quebranto de las normas sustanciales que  gobiernan  la verdadera situación sub-lite (2512, 2518 inc. 1º, 2531 regla 1ª  y  2ª del C.C. y con (sic);  art.  2  ley  50  de  1936);  por  cuanto,  de haber apreciado e[l] negocio nulo  multimencionado,  con  certeza  lo  habría  considerado  carente  de valor para  probar  interés  sustancial  y  procesal  de  oposición  de  la  sociedad Unos  (sic)  Ltda.  (…)”.   

2.            Cargo segundo: denunció la comisión de  error  de  hecho  “por  la  falta de apreciación y  valoración   del   certificado  de  matrícula  inmobiliari[a]  040-4121101  en  concordancia  con  el num. 5º del art. 407 del C.P.C., al otorgarle un valor no  contenido  en  su  sentido  a[l]  elemento de convicción anotado”,  particularmente, en cuanto hace a la inscripción de la escritura  pública   No.  332  del  25  de  enero  de  2001  de  la  Notaría  Décima  de  Barranquilla,  por  “haber supuesto prueba apta y/o  eficaz  para  la  integración  del  [l]itis  consorcio necesario”,  toda  vez  que en él no figuran los titulares de derechos reales  del  inmueble  sobre  el  que  trata,  ni  informa que no existe ninguna persona  registrada  como  tal, por lo que el proceso debió adelantarse solamente contra  las personas indeterminadas.   

En lo restante, la acusación es muy próxima  a la anterior.   

3.            Cargo tercero: luego de afirmar la falta  de  aplicación de diversas normas civiles y de procedimiento civil “a  causa de errores medio de apreciación e indebida estimación  y/o  valoración  probatoria”, el censor señaló que  la   sentencia  impugnada  no  está  “en   consonancia   con  las  súplicas  de  la  demanda  (…),  por  haber   incurrido  en  error  de  derecho,  manifiesto  y  trascendente,  sobre la  apreciación  y  estimación de fallos desestimatorios  de   las   pretensiones  del  demandante  en  juicios  precedentes  posesorio  y  reivindicatorio”.   

Explicó  que  el  desatino del ad  quem consistió en que al apreciar esas  sentencias,  dictadas  en  procesos  seguidos “entre  las    mismas    partes”    y   con   “la  misma  causa  y  objeto”, lo hizo  “a    espaladas    del    derecho”,  en  la  medida  que  las sometió a un  “nuevo    examen    jurisdiccional”,  amén  que,  “no  obstante  haberlas  apreciado  exacta  y  materialmente,  al  estimarlas no les asignó su eficacia,  mérito  y  probidad probatoria, les desconoció fuerza persuasiva y, sin razón  aparente,  les negó el valor preestablecido por la ley como pruebas legales y/o  presunciones   de  ley  (arts.  176,  187  C.P.C.;  66  C.C.)  no  desvirtuadas.  Consecuencialmente  el  Tribunal se sustra[jo] de aplicar debidamente las normas  procesales   medio,   infringiendo   grandemente   disposiciones   legales   que  reglamentan  tanto  (…) su  producción  como  su  eficacia  e  indirectamente  dejó  de aplicar las normas  sustanciales  que  gobiernan la presente acción de prescripción”.   

A continuación, le enrostró al juzgador de  segundo  grado  la  comisión de tres desatinos, que compendió en los términos  que pasan a reproducirse:   

PRIMERO.-  Sobre  el nuevo examen jurisdiccional que el Tribunal  ad   quem  hace  sobre  las  providencias  judiciales  desestimatorias   de   las   pretensiones   posesoria  y  reivindicatoria  (…)  (precedentes  horizontales),  pretermitiendo  las  disposiciones  de ley que las  reglan,  las  producen,  su  eficacia  y mérito probatorio (arts. 174, 176, 187  C.P.C.  y  conc.), (sentencia SC-280 del 15 de noviembre de 2005, expediente No.  9646).   

SEGUNDO.-  Sobre  la  coexistencia  y/o concurrencia  de  los  presupuesto[s]  axiológicos  de  la presente acción de  prescripción  extraordinaria,  inestimada  por el Tribunal ad quem (fols. 1º a  21º c.p.).   

TERCERO.- De las  normas  en  que  se  fundamentaron  y  estructuraron legalmente las providencias  judiciales  desestimatorias  de  las pretensiones posesoria y reivindicatoria de  dominio  precedentes,  aportadas  como  sustento  probatorio  (pruebas  legales)  (arts. 762, 946, 952, 959 C.C.) (pág. 11 de la sent.).   

De  la  argumentación posterior se extracta  que  la  inconformidad  del  recurrente, relativa a que el Tribunal sometió las  sentencias    que   relacionó   en   su   fallo   a   un   nuevo   “examen  jurisdiccional”, obedeció a  que   con   ese   proceder   desconoció,   por   una  parte,  que  “esta  clase  de  pruebas  no son sujeto de la libre apreciación  probatoria  y/o  actividad  valorativa dentro del trámite del presente proceso,  por  cuanto  dan  fe  y  son  fiel  reflejo  de hechos controvertidos en juicios  precedentes-horizontales”;   y,   por   otra,   la  “cosa    juzgada”,  institución  a  la  que  aludió  mediante  la reproducción parcial de ciertos  fallos de la Corte y el concepto de algunos tratadistas.   

Invocó y comentó la sentencia SC-280 del 15  de  noviembre  de 2005 proferida por esta Corporación, en relación con la cual  observó que versó sobre un caso similar.   

Al   cierre,   adujo  que  fue  errada  la  conclusión  del Tribunal consistente en que en el proceso no se acreditaron los  presupuestos  propios  de  la  acción,  puesto  que si esa autoridad no hubiese  desconocido  el  mérito  demostrativo  de  las  referidas  sentencias,  habría  colegido  la  comprobación  de la posesión material del inmueble por parte del  actor,  durante el tiempo exigido por la ley, y que el predio era susceptible de  ganarse por prescripción.   

4.            Cargo  cuarto: atribuyó al ad   quem  la  comisión  de  “error   de  derecho  por  equivocada  apreciación  y estimación (arts. 174, 187 C.P.C.) de  las  consideraciones  de ley referente[s] a los fallos  desestimatorios    de   la   acción   reivindicatoria   de   marras    (sic)  consignadas   en  la  sentencia  [de]  noviembre  30  de  2005  Exp.  No.  7616,  por   la   Corte   Suprema  de  Justicia,  Sala  Civil-Agraria,  entre  las  mismas partes, objeto y causa,  dentro      del      trámite      del      proceso      mixto      (…): acción  petitoria  y  acción  reivindicatoria,  en    (sic)  ocasión  del  trámite  de  un  recurso  de  casación parcial sobre la acción  petitoria (…)”.   

Para sustentarlo, señaló que el Tribunal se  equivocó     por     cuanto,     pese     a     que    apreció    “objetivamente”     el  indicado fallo, no le asignó “a los  considerandos     y/o     apartes     ilustrativos     de    ley    (…)   el   sentido  lógico-jurídico  establecido  en  las  disposiciones legales que rigen la acción reivindicatoria  (arts.  946, 952, 959 C.C.),  fielmente  desarrollado  o  interpretado  por  la sentencia referida de la Corte  Suprema      de     Justicia     (…)”.   

Adelante  precisó  que  esa  Corporación  confundió,     “sin     razón    aparente    e  inexplicablemente,  la[s]  consideraciones de la Corte Suprema de Justicia, Sala  Civil-Agraria,   sobre   los  presupuestos  de  la  acción  petitoria  con  los  presupuestos  axiológicos  de  la acción reivindicatoria. En efecto, cuando la  Corte  Suprema  de  Justicia  considera  en  su  sentencia  que  no se demostró  EL   ÁNIMO   DE   SEÑOR  Y  DUEÑO  DEL  DEMANDADO  ACOMPAÑADO  DE  UN  TÍTULO  DE  DOMINIO,   ni   LA  POSESIÓN  ANTERIOR  A  LA  TITULACIÓN  DE  DOMINIO  INVOCADA  POR EL DEMANDANTE,  se  está  refiriendo  en  estricto  derecho  a  los  elementos  presupuestales axiológicos, COMO SUSTRATOS  DE   LA   PRETENSIÓN   PETITORIA,   mas  no  a  los  presupuesto[s]  de  la  acción  reivindicatoria,  por cuanto, además, el fallo  desestimatorio      de      la      acción     reivindicatoria     (…)   no   fue   apelado      (inc.      2º      art.      369      C.P.C.)”.   

5.              Cargo   quinto:   le   enrostró   al  sentenciador   de   segundo   grado   “error   de  hecho  en  la  apreciación  y  valoración:   a.-  Del  acuerdo  de  voluntad  y/o convenio de tenencia de fecha 3 de septiembre de 1996  (fols.   53-54  cuaderno  principal;    parágrafo    3º    pág.   10   de   la   sent.),   b.-  De  la  inspección judicial (fols.  26-34,   2º  cuaderno),  c.-  De  los  testimonios  recepcionados  (fols. 53-55,  2º   cuaderno).  Ello  por  haber  tergiversado,  distorsionado  su  espíritu,  probidad,     contenido,     fuerza     persuasiva,    sentido    y/o    mérito  probatorio”.   

En  apoyo  del  primero  de  esos yerros, el  censor          comentó          abstractamente         la         “tenencia”    y   la   “acción   reivindicatoria”;  afirmó  que   el   “contrato   de  tenencia”  ajustado  entre el demandante y el señor Ochoa, se soportó en el  inciso  2º  del  artículo  959 del Código Civil; aclaró que él “representa  la  materialización  de  una  medida preventiva y/o  providencia  autorizada  legalmente, así como la aprehensión material del bien  objeto   de  la  acción  reivindicación  (sic) por la  parte  demandada, así como  la  conservación  del bien objeto de la acción en cuestión (inc. 2º art. 959  C.C.).     Bien    inmueble    hoy    objeto    del    presente    proceso    de  pertenencia”;  y  destacó  que  para la fecha de su  celebración,  el  Juzgado  Sexto  Civil  del Circuito de Barranquilla ya había  dictado  la  sentencia  del  29  de  marzo de 1996 en el proceso reivindicatorio  seguido entre ellos mismos.   

Para sustentar el segundo reproche, señaló  que  el  Tribunal  no  apreció que la inspección judicial pedida en la demanda  tuvo  por  objetivo,  entre otras cuestiones, constatar la tenencia del bien por  parte  de  la  sociedad  demandada;  que  ella “hace  parte    de   los   hechos   controvertidos   en   el   juicio   reivindicatorio  precedente”;  que  el  actor  no  intervino  en  la  práctica  de  ninguna  de  las  pruebas  aquí  ordenadas,  puesto  que hacerlo  “era  cohonestar  el  proceder  del  Juez  de hacer  sujeto  de  nuevo  examen  probatorio  y/o  jurisdiccional los hechos legalmente  controvertidos  en los juicios precedentes”; y que la  demandada, es tenedora del inmueble a nombre del actor.   

En  lo tocante con la prueba testimonial, el  recurrente   trajo  a  colación  lo  expuesto  por  Gustavo  Vásquez  Bonilla,  declaración  en  relación  con  la  que  sostuvo  su  cercenamiento  y  que se  desconoció   su  mérito  probatorio,  toda  vez  que  ella  no  desvirtuó  la  aprehensión  del  predio  objeto  de  la  usucapión  reclamada  por  parte del  accionante.   

De  las  versiones  suministradas  por  los  señores  Alberto Luis Zubiría Camargo, Luis Guillermo González Gómez y José  Humberto   Peña  afirmó  que  esos  “testimonios      son      falsos,     sospechosos,     contraevidente[s]    con    la    realidad    procesal   precedente  controvertida   en   los   juicios   posesorio   y   reivindicatorio   (…),  y  contrarios  a  las  disposiciones  de ley que tutela[n] las presunciones legales  (arts.   762,   777,   952,   958   C.C.;   91   num.   3º,   176,   187,   232  C.P.C.)”.    

Y  añadió  que  el sentenciador de segunda  instancia  “erró enormemente al dar credibilidad a  tales   testimonios,   pues   más  que  por  lógica  jurídica,  por disposición legal, mal puede ostentar la posesión material del  bien  inmueble  objeto  del  presente  litigio  la  parte  demandada, por cuanto  previamente  en juicio reivindicatorio precedente en su condición de demandante  la  perdió  con  el hoy demandante del proceso de prescripción extraordinaria,  mi           poderdante          (…)”.   

6.            Cargo  sexto:  estimó  que  el Tribunal  incursionó  en  “error  de  derecho  por  dejar de  apreciar       elementos      ilustrativos      y  comprobativos               (sic)  sobre la ocurrencia de los hechos  controvertidos   dentro  del  trámite  del  juicio  reivindicatorio  precedente  (…),    que   debió  considerar  y  estimar  la  sentencia recurrida, como reflejo fiel de los hechos  controvertidos  en  los  juicios  precedentes posesorio y reivindicatorio, cuyos  fallos  y/o providencias judiciales fueron aportadas esencialmente como sustento  del presente proceso de pertenencia”.   

Enlistó  como tales, los siguientes: amparo  policivo  del 10 de octubre de 1989, negado por la Inspección Trece de Policía  de   Barranquilla,  e  inspección  judicial  del  21  de  septiembre  de  1990,  practicada  por  el  Juzgado  17  Civil  Municipal  de  esa  ciudad, actuaciones  solicitadas  con  fundamento  en  la  sentencia  del  25  de septiembre de 1989,  desestimatoria  del juicio posesorio aludido; memorial del 12 de agosto de 1993,  contentivo  del  alegato  de  conclusión  presentado  en  la  ya  tantas  veces  mencionada  acción  reivindicatoria;  copia  del  auto del 19 de julio de 2006,  dictado    por   el   Juzgado   Sexto   de   dicha   capital;   y   “LA  CONSIDERACIÓN  JUDICIAL  del fallo calendado el 11 de abril  de   2007  (…),  emitid[o]  por  el  Juzgado  Noveno  Civil  del  Circuito  de  Barranquilla”.    

De esos elementos el recurrente infirió la  comprobación  de  la  posesión del inmueble materia de este litigio, por parte  de su promotor.   

CONSIDERACIONES  

1.           Por mandato del numeral 3º del artículo  374  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  toda  demandada  de casación debe  contener  “[l]a  formulación  por  separado de los  cargos  contra  la  sentencia recurrida con la exposición de los fundamentos de  cada     acusación,     en     forma     clara     y     precisa”.   

De     esa     disposición,     se  desprende:   

1.1.          La  argumentación  que  se aduzca en el  escrito   con   el   que  se  sustente  el  mencionado  recurso  extraordinario,  “debe  ser perceptible por la inteligencia sin duda  ni     confusión”,    amén    de    “exacta”      y      “rigurosa”, a lo que se añade que ha  de  contener  “los datos que permitan”  individualizar cada censura “dentro de  la   esfera  propia  de  la  causal  que  le  sirve  de  sustento” (CSJ, SC del 15 de septiembre de 1994).   

1.2.          Los  diferentes  reproches que se tengan  respecto  de  la  sentencia  impugnada, debe proponerlos el recurrente en cargos  separados,  caracterizados  por ser autónomos e individuales, lo que igualmente  se  infiere  del  artículo 368 del Código de Procedimiento Civil, premisas que  le  impiden  entremezclar  acusaciones  de  diferente naturaleza o confundir, al  interior de una, el error de hecho con el de derecho, puesto que:   

(…)  los  yerros  de  linaje probatorio,  (…),      aunque      tienen     ‘como  punto común el que producen idéntica consecuencia, o sea la  violación   de  una  norma  sustancial  por  inaplicación  o  por  aplicación  indebida,  es lo cierto que entrambos existen claras y  muy  ostensibles  diferencias  que les infunden entidad específica propia y por  consiguiente   impiden   confundirlos’,  pues  mientras el de hecho atañe a la existencia de un medio de  prueba,  como  elemento  material  del  proceso,  el  de derecho se refiere a la  interpretación    o    inaplicación    de    las   normas   legales   que   lo  gobiernan (CSJ, SC del 23 de  febrero de 2001, Rad. N° 5619; se subraya).   

    

1.3.          En el caso de acusaciones edificadas a la  luz  de  la  primera  de  las  causales  contempladas  en la precitada norma, es  obligación  del  recurrente  de  combatir  todos  y  cada  uno  de los genuinos  soportes   en  los  que  se  hayan  apoyado  las  decisiones  adoptadas  por  el  sentenciador de instancia.   

En   este   punto,   tiene   dicho   la  Corte:   

Debe  tenerse  en  cuenta,  además,  que,  habida  cuenta  del  carácter  eminentemente  dispositivo  y  restringido de la  casación,  anteriormente advertido, cuando el cargo se construye con base en el  quebranto     de     la     ley     sustancial,     se     torna    indispensable  para  el  recurrente, por  una    parte,    enfocar   acertadamente  las  acusaciones que formule, con lo que se quiere significar que  ellas  deben combatir las genuinas razones, jurídicas  o  fácticas,  que soportan el fallo impugnado, y no unas extrañas a él, fruto  del  incorrecto  o  incompleto  entendimiento  que de la sentencia haya hecho el  censor,  o  de su imaginación, o inventiva; y, por la  otra,  que  su  actividad  impugnaticia  tiene que estar dirigida a derruir   la   totalidad   de  esos  argumentos  esenciales  de  la  sentencia,  pues  si  el laborío del acusador no los  comprende  a cabalidad, al margen de que el juzgador de instancia hubiere podido  incurrir  en  las  falencias  denunciadas,  su sentencia no podría quebrarse en  virtud del recurso extraordinario.   

Sobre  estos aspectos, la Sala ha expuesto  que  ‘el ordinal 3º del  artículo  374 del C. de P.C., establece como requisito formal de la demanda que  sustenta  el  recurso  extraordinario de casación, la formulación ‘de  los  cargos  contra  la sentencia  recurrida…  en  forma clara y precisa’,  es  decir,  con estricto ceñimiento a  las  razones o fundamentos del fallo impugnado, porque  lógica  y  jurídicamente  debe  existir  cohesión  entre  el ataque o ataques  contenidos  en  la  demanda  de  casación  y  la  sentencia  del  ad quem   (…),  pues  no  de  otra  manera   puede   llegar   a  desvirtuarse,  según  el  caso,  la  acerada   presunción   de  legalidad  y  acierto  con  que  llega  amparada  -a esta  Corporación-  la  sentencia recurrida. (…). El recurso de casación -ha dicho  la  Corte-  ‘ha de ser en  últimas  y  ante la sentencia impugnada, una crítica  simétrica de consistencia tal que, por mérito de la  tesis  expuesta  por  el  recurrente  de  manera  precisa,  y  no por intuición  oficiosa  de la Corte, forzoso sea en términos de legalidad aceptar dicha tesis  en  vez  de las apreciaciones decisorias en que el fallo se apoya…’  (Cas.  civ.  de 10 de septiembre de  1991).     (…).     La     simetría    de    la  acusación   referida  por  la  Sala  en  el  aparte  anterior,  debe entenderse no solo como armonía de la  demanda  de  casación con la sentencia en cuanto a la plenitud del ataque, sino  también  como  coherencia lógica y jurídica, según se dejó visto, entre las  razones    expuestas    por    el    juzgador    y   las   propuestas   por   el  impugnante,  pues  en vano resulta para el éxito del  recurso  hacer  planteamientos  que  se  dicen  impugnativos,  por pertinentes o  depurados   que   resulten,   si  ellos  son  realmente  extraños  al  discurso  argumentativo  de  la  sentencia,  por desatinada que sea, según el caso. No en  balde,  como  se  ha acotado insistentemente, el blanco privativo del recurso de  casación  es  la  sentencia de segundo grado, salvo tratándose de la casación  per  saltum, situación en la cual dicho blanco estribará en la sentencia       de       primera      instancia      (…)’  (Cas.  Civ.,  sentencia  de  10  de  diciembre de 1999, expediente No. 5294).   

En  pocas palabras: el cargo fundado en el  numeral  1º  del  artículo  368  del Código de Procedimiento Civil debe estar  debidamente   enfocado  y  ser  completo   o,   lo   que   es   lo  mismo,  debe  controvertir  directamente  la  totalidad  de  los  auténticos  argumentos  que  respaldan   la   decisión   combatida  (CSJ,  auto  de  19  de  diciembre  de  2012, Rad. 2001-00038-01; se  subraya).   

2.           Ahora  bien, si los cargos formulados en  casación  se  dirigen  a  denunciar el quebranto indirecto de la ley sustancial  como  consecuencia  de la comisión de errores de hecho en la apreciación de la  demanda,  de  su  contestación  y/o  de  las  pruebas  del  proceso,  se  torna  indispensable,  entre  otros requisitos, que el recurrente los demuestre, según  previsión  de  la  primera  parte  del  inciso  final del numeral 3º del mismo  artículo  374  del Código de Procedimiento Civil, para lo que es necesario que  especifique  los  elementos de juicio, así como los pasajes de ellos, sobre los  que  recayeron  los desatinos reprochados; determine su contenido objetivo; y lo  coteje  con las conclusiones que de esos medios de convicción extrajo, o debió  inferir, el juzgador.    

Es     que,     como     “[r]epetidamente  ha  dicho  la Corte, (…) constituye requisito  formal  de  la  demanda  de  casación,  que en ella el recurrente demuestre los  errores  de  hecho (…) en que habría incurrido el sentenciador al valorar las  pruebas  recaudadas  y  que, por repercusión, afectaron la recta aplicación de  la  ley  sustancial  (Vid  inciso  2º, numeral 3º del artículo 374 C. P. C.),  carga   ésta   que   no  se  reduce  a  exponer  una  inconformidad  con las conclusiones a las que arribó el juzgador en el plano de  los  hechos,  o  que  pueda  tenerse por satisfecha a  partir  de  aludir simplemente a los medios de prueba,  o  de  transcribir,  sin  más, pasajes de los mismos,  sino     que     lo    obliga    a    ‘poner  de  presente,  por un lado, lo  que  dice,  o  dejó de decir, la sentencia respecto del medio probatorio, y por  el  otro,  el  texto  concreto del medio, y establecido el paralelo, denotar que  existe   disparidad   o   divergencia  entre  ambos  y  que  esa  disparidad  es  evidente’ (Sent. de 15 de  septiembre  de  1993;  reiterada  en sentencia de junio 28 de 2000, exp.: 5430).  (…).  Por  virtud de lo anterior, no es admisible en  casación  el  cargo que se limita a presentarle a la Corte un nuevo criterio de  apreciación  de  las  pruebas, o unas conclusiones diferentes de las que obtuvo  el  juzgador,  pues  el recurso aludido no constituye  una  tercera  instancia,  al  punto  que  la  Sala, en estrictez, no es juez del  asunto   litigioso,  sino  de  la  legalidad  del  fallo  que  le  puso  fin  al  conflicto  (CSJ, auto de 18 de diciembre de 2009, Rad.  1999-00045-01; se subraya).   

3.           Y  si la infracción indirecta de la ley  sustancial  deriva de la comisión de errores de derecho, se torna indispensable  “indicar  las normas de carácter probatorio que se  consideren      infringidas      explicando      en     qué     consiste     la  infracción”  (parte final, inciso 2º, numeral 3º,  artículo 374, C. de P.C.).   

4.           Los requisitos en precedencia señalados  no  aparecen  cabalmente  cumplidos  en  la demanda que se ausculta, como pasa a  comentarse:   

4.1.          De  la  simple lectura de ese libelo, en  particular,  de  la  sustentación  que  se  hizo  de  los  cargos que contiene,  caracterizada  por una redacción deshilvanada, por la ambigüedad, abstracción  y  generalidad de sus planteamientos y por carecer de coherencia metodológica y  jurídica,  se  establece que él es notoriamente obscuro e impreciso y que, por  ende,  infringe  frontalmente  el más básico y, si se quiere, esencial, de los  requisitos  formales  previstos  para toda demanda de casación, como es, según  ya  se  vio,  que  sus  fundamentos  se  presenten  de  manera  clara y precisa.   

4.2.          Cada una de las acusaciones, considerada  aisladamente,   es  incompleta,  pues  ninguna  se  ocupó  de  controvertir  la  totalidad  los  razonamientos  fácticos  en  los  que  el  Tribunal soportó su  conclusión  de  que  el actor no acreditó haber sido el poseedor del predio en  relación  con  el  cual  solicitó  la  usucapión,  fundamentos que se dejaron  especificados al efectuarse el compendio del fallo impugnado.   

4.3.          De  integrarse  todas las censuras de la  manera  que  lo autoriza la regla 3ª del artículo 51 del Decreto 2651 de 1991,  convertido  en  legislación  permanente  por  el artículo 162 de la Ley 446 de  1998,  se  concluye  que devienen desenfocadas, toda vez que ni así constituyen  un  ataque  íntegro  y  certero  del  memorado  argumento  toral  del proveído  cuestionado  y,  mucho  menos,  de todos los aspectos que conforman el análisis  probatorio    en    el    que    se    sustentó   el   mismo,   como   pasa   a  dilucidarse.   

4.3.1.            Ajenos a la referida postura del  Tribunal  son los cargos primero y segundo, en la medida que con ellos el censor  pretendió  desvirtuar que la sociedad demandada fuese la titular del derecho de  dominio  del  predio  objeto  de  la  pertenencia  reclamada  y  que,  por ende,  estuviese facultada para oponerse a la acción.   

Al  respecto,  basta con insistir en que el  fracaso  de  las  pretensiones  lo  dedujo  el  ad quem  del  incumplimiento  del presupuesto estructural de la  usucapión  relativo  a  la  posesión  material  del  bien  por parte del actor  durante  el  tiempo  determinado  en  la ley, inferencia que como se ve, ninguna  relación  tiene  con  la legitimación de la accionada, que fue la cuestión de  la que se ocuparon tales censuras.   

4.3.2.            En  cuanto  hace a los reproches  tercero  y  cuarto,  se  encuentra  que la citada Corporación, en forma alguna,  desconoció  o  le  restó  mérito demostrativo a las sentencias que examinó y  que  las acusaciones mencionan, al punto que fue con base en esos proveídos que  coligió   que   en   los   procesos   en  los  que  se  dictaron,  “no  quedó establecid[a] la calidad de poseedor del pretendiente  prescribiente” y que, por el contrario, “la    reivindicación    fue    negada    por    no    haber[se]  demostrado” su condición de tal.   

De suyo, pues, que si el Tribunal incurrió  en  algún  error  al  apreciar  los  indicados  fallos, habría que admitir, en  gracia  de  discusión, que su equivocación estaría radicada en la valoración  que  hizo  de su contenido, y no en su ponderación jurídica, pues fue con base  en  lo  que  en  ellos  se  expresó  que dedujo la falta de demostración de la  posesión  del aquí demandante en frente del inmueble sobre el que esos asuntos  y éste, versaron.   

a)           Respecto de la celebración por parte del  actor  de  un  “contrato de tenencia”  con  el  señor  Edgar  Ochoa,  el Tribunal limitó su juicio a la  demanda  y,  específicamente,  a la manifestación contenida en el hecho quinto  de  la  misma,  de  la que dedujo, por una parte, que aquél era un mero tenedor  del  inmueble  del  litigio  y,  por  otra,  que reconoció derechos propios del  dominio, en favor del citado señor.   

El recurrente no realizó ninguna crítica a  esa  apreciación,  sino  que  concentró  su  atención en el aludido contrato,  sobre  el  que  puso  de  presente  la  causa  de su celebración y reprochó la  tergiversación de su contenido.   

Ostensible es, por lo tanto, la desarmonía  entre  la  queja  del  censor  y  el  razonamiento  que  en el punto efectuó el  Tribunal.   

b)           De la inspección judicial practicada en  el  proceso,  el  aspecto  que  resaltó  el  ad  quem  consistió en que no fue atendida por el actor, ni por  alguna  persona  que  adujera  ser tenedor en su nombre, observación que no fue  cuestionada  por  el  impugnante,  toda vez que su inconformidad se fincó en la  solicitud  de  la  prueba y en las razones que tuvo el actor, para no intervenir  en su práctica.   

c)           Frente  a  los testimonios recibidos, en  tanto  que  el  Tribunal,  en  lo basilar, coligió de ellos, que los deponentes  reconocieron  como  poseedora a la sociedad demandada, el casacionista señaló,  del  rendido  por  Gustavo  Vásquez  Bonilla, que no desvirtuó la aprehensión  material  del  predio  por  parte  del  actor;  y,  de  los  restantes, que eran  “falsos,  sospechosos  [y] contraevidente[s] con la  realidad  procesal  precedentemente  controvertida  en  los  juicios posesorio y  reivindicatorio”  adelantados  con  anterioridad  en  contra  de  aquél  por  el señor Edgar Ochoa Ochoa, planteamientos que por sí  solos denotan su asimetría.   

4.4.          Desde  otra  perspectiva,  se  suman las  siguientes deficiencias:   

4.4.1.            Los  cargos  primero,  segundo y  quinto,  en  los que, como ya se señaló al hacerse su compendio, se imputó al  Tribunal  su  incursión  en  errores  de  hecho,  no  cumplen  el  requisito de  demostrar  los  correspondientes  desatinos,  habida  cuenta  que  el  censor no  singularizó  los  medios de convicción y, mucho menos, los pasajes o segmentos  de  ellos  sobre  los  que  recayeron  los  mismos;  ni especificó su contenido  objetivo;  y  ninguna  labor  de  contraste  realizó  entre ese contenido y las  inferencias  que  extrajo,  o que debió obtener, el ad  quem.          

4.4.2.            En  las  acusaciones  tercera  y  cuarta,  mediante las que se denunció la comisión de errores de derecho, no se  concretaron   los   yerros,   pues   el   impugnante   se   limitó  a  señalar  reiterativamente  que  el  sentenciador de segunda instancia no le otorgó a los  fallos  judiciales  sobre  los  que  ellas versaron, el mérito demostrativo que  tenían,  sin  mayor  especificación,  actitud  con  la  que  se  incumplió la  exigencia  final del inciso 2º del numeral 3º del artículo 374 del Código de  Procedimiento Civil.   

4.4.3.            El cargo sexto, pese a denunciar  un   error   de   derecho,   se   sustentó  en  que  el  Tribunal  “dej[ó]   de   apreciar   elementos  ilustrativos”  de  hechos  controvertidos tanto en el proceso reivindicatorio que  antecedió  a  éste,  como  en el presente asunto, planteamientos de los que se  infiere  el indebido entremezclamiento de ese yerro con el de facto, pues una de  las  formas  como se materializa el último es, precisamente, el desconocimiento  o la preterición de los medios de convicción.     

5.           Resultado  del  estudio  en  precedencia  consignado,  es  que  la  demanda  de  casación materia de este pronunciamiento  habrá  de inadmitirse y que, como consecuencia de ello, corresponderá declarar  desierta tal impugnación extraordinaria.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,     en     Sala     de     Casación     Civil,    INADMITE   la   demanda  presentada  para  sustentar  el  recurso  de  casación  que  al inicio de este proveído se dejó  plenamente  identificado;  y, por consiguiente, DECLARA  DESIERTO el mismo.   

Notifíquese y, en oportunidad, devuélvase  el expediente al Tribunal de origen.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO T OLOSA VILLABONA    

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