STC 10979 2014

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Magistrada Ponente  

STC10979-2014  

Radicación           n.°  11001-22-03-000-2014-01102-01.   

(Aprobado en sesión de doce de agosto de dos  mil catorce)   

Bogotá  D.  C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

Se decide la impugnación interpuesta frente a  la  sentencia  proferida  el  3 de julio de 2014, mediante la cual la Sala Civil  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá concedió la acción de  tutela  promovida  por la Sociedad Luis Soto y Cía. S. A. en contra del Juzgado  Veintisiete  Civil del Circuito de esta misma ciudad, actuación a la que fueron  citados  los  Despachos  Veintiuno  y  Doce  Civil  Municipal,  este  último de  Descongestión, ambos de esta urbe.   

ANTECEDENTES  

1. La sociedad gestora, a través de apoderado  judicial,  reclamó  la  protección constitucional al debido proceso y acceso a  la   administración  de  justicia,  presuntamente  vulnerados  por  el  juzgado  encartado,  dentro  del   juicio  de  restitución de inmueble arrendado de  mínima  cuantía,  que  formulara  en  contra  de  la  señora Alcira Santos de  Baquero.    

2.  Expuso, como fundamento de su reclamo, en  síntesis los siguientes hechos:   

2.1. Que el despacho veintiuno civil municipal  acusado  terminó  el citado pleito con decisión de fondo el 7 de mayo de 2013,  ordenando   el   restablecimiento   del   predio   objeto   de  pronunciamiento.   

2.2. En cumplimiento del fallo se comisionó  al  juez  de  descongestión  vinculado  quien  practicó la diligencia el 30 de  julio  de  2013,  en  la  que  se  opuso  la señora Romelia Muñoz Ospina en su  calidad  de  poseedora, incidente que devino rechazado; por ello esta, a través  de su apoderada, apeló dicha resolución.   

2.3.  Alzada que le correspondió conocer al  juez  encartado,  quien  mediante  proveído  de  16  de  diciembre  de  2013 la  inadmitió   «por   ser   un   proceso  de  mínima  cuantía»,    determinación    que   la   oponente  «recurrió    en   reposición   y   en   subsidio  apelación»,  bajo  el  argumento  que  «ella  es  una  tercera,  por  ende no se puede tener en cuenta la  cuantía  del  proceso», tesis que, aduce, sin ningún  fundamento  fue acogida por el despacho revocando la providencia y, en su lugar,  «admite      el      recurso»,     ordenando   correr   traslado   del   mismo.         

2.4. Por no estar de acuerdo con lo anterior,  formuló  «recurso  de  reposición»,  el   que   fue   decidido   el   17  de  marzo  del  presente  año,  manteniéndose incólume el auto cuestionado.     

2.5.   Con   su  proceder  la  funcionaria  enjuiciada  ha «interrumpido el procedimiento justo y  le  ha  dado  un  trámite  arbitrario,  sin respaldo legal, sin el más mínimo  rubor   de   administrar   justicia,   de   propender  por  la  prontitud  y  la  eficacia»,     incurriendo     en     «vía  de  hecho»,  puesto que dejó de  aplicar los artículos 6 y 21 del Estatuto Procesal Civil.   

3. Pidió, en consecuencia, que se le amparen  las  prerrogativas  invocadas,  disponiendo  que  en  el término de 48 horas se  profiera una decisión que en Derecho corresponda.   

LA    RESPUESTA    DE    LA    AUTORIDAD  ACCIONADA.   

La   Jueza   Doce   Civil   Municipal   de  Descongestión,  quien fue la comisionada para llevar  a  cabo  la  entrega  del  predio  objeto  del litigio, indicó que el  día  de  la diligencia la  señora  Romelia  Muñoz  Ospina,  a  través   de   apoderado,   planteó   oposición;          luego  de  decretar  las  pruebas  y  de  practicar           el          interrogatorio        a         la        «opositora»,  la suspendió para el 14 de agosto siguiente, sin que  en  dicha  data  ninguno de  los   citados   se   hiciera   presente,   por   ello,   para   continuarla   fijó  el  1º  de  noviembre  posterior,   la   que   no   se   pudo  llevar  a  cabo  por  haberse interpuesto recurso de apelación, el  que  fue concedido en el efecto devolutivo,         remitiendo,  por  ende,  las    diligencias    a    la   oficina judicial de origen (Fls. 13 y 14 Cdno 1).   

El  funcionario  doce  civil  municipal,  manifestó  que  ese despacho  adelantó  el  proceso de marras, surtiéndose «todas  las  actuaciones  procesales,  garantizando  el  debido  proceso  y  derecho  de  defensa,  profiriendo  sentencia  el  7  de  mayo  de  2013  ordenando  declarar  terminado  el  proceso  y restituir el inmueble, para lo cual se libró despacho  comisorio  No.  102 de 4 de junio de 2013…» (Fl. 29  ídem).   

La  célula  judicial encartada prestó   el  original  del  expediente,  agregando  que  no  se  acompañaba  la contestación de la tutela por cuanto la  titular  del  juzgado  se  encontraba  de permiso (Fl.  31     ídem).   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

El  tribunal concedió el amparo invocado y,  en  consecuencia,  dejó «sin valor ni efecto el auto  proferido  por  la  Jueza  Veintisiete  Civil  del  Circuito de Bogotá el 17 de  febrero  de  2014  […],  para  que  en  su  lugar  cobre firmeza la actuación  adelantada con anterioridad a dicho proveído».   

Al  efecto  sostuvo que la juzgadora acusada  «desconoció las previsiones de los artículos 39 de  la  [L]ey  820 de 2003 y 6º del Código de Procedimiento Civil, pues de acuerdo  con  el  primero  de  dichos  preceptos  “cuando la causal de restitución sea  exclusivamente  mora  en  el  pago  de  canon  de  arrendamiento,  el proceso se  tramitará  en  única  instancia”,  en  cuanto  el  segundo establece que las  normas  procesales  son  de  orden  público y, por consiguiente, de obligatorio  cumplimiento,   luego  en  ningún  caso,  pueden ser derogadas, modificadas o sustituidas por el juez o las  partes».   

Advirtió,  que  examinado  el  expediente  evidenció   que  la  sociedad  demandante  promovió  acción  de  «restitución   de  inmueble  arrendado  donde  invocó  como  única causal la mora en el pago de los cánones, de donde  se  sigue que el proceso, a voces del artículo 39, es de única instancia y por  ende  ninguna de las actuaciones adelantadas dentro del mismo es susceptible del  recurso  de  apelación,  por  expresa  disposición  de  la  ley; así mismo se  advierte  que  la  actuación  adelantada  por  la  funcionaria entutelada hasta  diciembre  16 de 2013 estuvo ajustada al marco legal, pues en esa oportunidad se  declaró  inadmisible  el  recurso  de  apelación  con  apoyo a la normatividad  reseñada».   

Estimó     que     no    «resulta   aceptable   el  argumento  expuesto  por  la  juzgadora  accionada  al  modificar  la  decisión  que adoptó en el proveído precitado y  aducir  que  al  trámite  de  la  oposición a la entrega, por ser de carácter  especial,  no les es aplicable el artículo 39 de la Ley 820, toda vez que dicha  actuación  tiene la connotación de accesoria frente al proceso de restitución  donde  se  promovió,  en  virtud  del principio general del derecho conforme al  cual  “lo  accesorio  sigue  la  suerte de lo principal”; en ese sentido, si  ninguna  de las decisiones que se adoptan al interior de la actuación principal  puede  ser revisada por el superior en sede de apelación, tampoco podrán serlo  aquéllas  que  se  profieran  dentro  del trámite accesorio como lo es en este  caso la diligencia de entrega».   

Recalcó    que    la    «jueza  querellada,  so  pretexto  de  “no  vulnerar el derecho de  defensa”  de  la  opositora,  desconoció  la  norma procesal que restringe la  prerrogativa  de  la  doble instancia en los procesos de restitución promovidos  exclusivamente  con  base en la mora en el pago de los cánones…»   (Fls.   32  a  37  ibídem).   

LA IMPUGNACIÓN  

La interpuso la convocada y opositora, señora  Romelia  Muñoz  Ospina,  sin  denotar  ningún  aspecto  relevante,  puesto que  dedicó  su  escrito hacer un recuento de todo lo actuado dentro del trámite de  restitución  y de la diligencia de entrega; solicitando que se revoque el fallo  cuestionado  y  en  su lugar se le conceda «el amparo  deprecado»   [sic].  Así  mismo,  se  investigue  la  conducta  de  la  juzgadora  21  civil  municipal,  dado  que dio trámite a una  demanda  sin hacer ninguna advertencia sobre los linderos del inmueble. (Fls. 56  a 59 ídem).   

CONSIDERACIONES  

1. La reiterada jurisprudencia constitucional  ha  sostenido,  en  línea  de  principio, que este amparo no es la vía idónea  para  censurar  decisiones  de  índole judicial; sólo, excepcionalmente, puede  acudirse  a  esa  herramienta,  en  los  casos  en los que el funcionario adopte  alguna  determinación  «con  ostensible desviación  del  sendero  normado,  sin  ecuanimidad  y  apoyado  en  el  capricho  o  en la  subjetividad,      a      tal      punto     que     estructure     ‘vía     de     hecho’»,  y bajo  los  presupuestos  de  que  el  afectado acuda dentro de un término razonable a  formular  la  queja,  y de que «no disponga de medios  ordinarios  y  efectivos  para  lograrlo»  (ver entre  otras, CSJ STC, 3 de Mar. 2011, Rad. 00329-00).   

2.  Pretende  la  querellante  por  este  mecanismo,  se  le amparen las  prerrogativas  invocadas,  disponiendo  que  «en  el  término  de  48  horas» siguientes a la notificación  del  fallo el juzgado acusado «profiera una decisión  que en Derecho corresponda».   

3.  Del  original  del  proceso  traído  en  calidad de préstamo, observa la Corte que:   

3.1.  La  Sociedad  Luis  Soto  Cía S.A., a  través  de  apoderado impetró demanda de restitución de inmueble arrendado en  contra  de  la  señora  Alcira  Santos  de  Baquero  por mora en el pago de los  cánones,  asunto  que conoció el Juzgado Veintiuno Civil Municipal de Bogotá,  quien  la  admitió  a  trámite  el  21  de  febrero  de  2013  (Fl. 18 Cdno. 1  original).    

3.2. Luego de surtirse las etapas propias del  pleito,  el  funcionario  de  conocimiento  profirió  sentencia  el  7  de mayo  posterior,  dando  por  terminado  el  «contrato  de  arrendamiento  celebrado  por  las  partes  respecto  del inmueble ubicado en la  calle  13  Sur  No. 17-63, hoy calle 13 A- Sur No. 18-81 Apartamento 201 de esta  ciudad…»;  de igual manera, dispuso la «restitución   del   bien   objeto  del  [litigio]».   (Fls.   28   y   29  ídem).    

3.3.   Para   cumplir   con   la  anterior  determinación,  se  delegó  a  la  Jueza Doce Civil Municipal vinculada, quien  fijó  para  la  entrega  del  predio objeto del litigio, el día 30 de julio de  2013,  sin  que se pudiera efectuar, habida cuenta que la señora Romelia Muñoz  de  Ospina,  a  través de apoderado judicial presentó oposición, alegando que  llevaba  22  años  poseyéndolo  y,  que  la  señora  Alcira Santos de Baquero  demandada  en  el  aludido  juicio  no  residía  en  ese lugar; practicadas las  pruebas,    el    9   de   octubre   de   la   misma   anualidad,   «rechazó  la  oposición», resolución  que  fue  apelada  por la apoderada de la interesada, estableciendo para cumplir  con  la  «entrega» y   decidir  sobre  la  concesión de la alzada el 1º de noviembre siguiente, fecha  en       la       que       se       cumplió      con      la      «comisión»   y   se   concedió   el  «recurso  vertical» en el  efecto   devolutivo   (Fls.   114   a   117,   138  a  141  y  148  ídem).    

3.4.  El  juzgado  encartado,  a  quien  le  correspondió  conocer de la segunda instancia, mediante auto de 16 de diciembre  del  año próximo pasado, resolvió de conformidad con lo previsto en artículo  39  inciso  2º  de  la  Ley  820 de 2003, inadmitir la apelación y en su lugar  ordenó  remitir  el  expediente  a  la  oficina  de  origen  (Fl.  3 Cdno No. 4  original).   

3.5.  Contra  la  anterior  resolución  el  apoderado  de  la  opositora  interpuso  «recurso de  reposición  y  en  subsidio  de  apelación», siendo  aquel  decidido  el  17  de febrero de 2014, revocando la medida y, en su lugar,  admitió     la     alzada,     bajo    la    tesis    que    el    «ordenamiento  jurídico tiene previsto la figura de la oposición  para  que  los poseedores demuestren su calidad de terceros y no sean despojados  del  inmueble  que  poseen,  a  causa  de  una  orden de entrega proferida en un  proceso  al  que  no  fueron  convocados,  en  efecto,  se  trata de un trámite  especial,  donde el opositor es una tercera persona que no tuvo nada que ver con  el    proceso»   (Fls.   17   y   18   ídem).   

3.6.  Seguidamente,  la parte demandante del  proceso      principal      formuló     «recurso  horizontal»  contra  esa  providencia,  el  que  fue  decidido  el  17  de  marzo  del presente año, manteniéndolo incólume (Fl. 49  ídem).   

3.7.  Finalmente,  el  juzgado  acusado  en  cumplimiento  al fallo de tutela remitió el expediente a la oficina judicial de  origen      (Fl.      59      ibídem).   

4.  Analizado  el reseñado trámite surtido  ante  la  segunda  instancia,  advierte  la  Sala que la salvaguarda solicitada,  según  lo  determinó  el  tribunal a-quo,  resulta  procedente,  toda  vez que la funcionaria encartada, sin  ningún   respaldo   jurídico,   mediante  auto  de  17  de  febrero  de  2014,  «revoc[ó]  el proveído de 16 de diciembre de 2013,  que  inadmitió  el  recurso  de  apelación», con el  simple  argumento  de que el «opositor es una tercera  persona  que no tuvo nada que ver con el proceso», sin  tener  en  cuenta  que  la  Ley 820 de 2003 no contempla tal presupuesto. (Fl. 3  Cdno. 4 original).    

Sabido es que el proceso judicial materializa  una  estructura, y como tal se gestiona bajo las precisas reglas que delimita al  efecto  el  legislador;  por  tanto,  aun  cuando  en él existan «cuestiones        accesorias»,  verbigracia,  incidentes  u  oposiciones  a la entrega, ello no implica que para  tales  actuaciones  se  deban  emplear  normas  diferentes  a  las  precisamente  demarcadas para tramitarlo.   

En  cuanto  que  el proceso es una relación  jurídica  que  avanza  gradualmente  y  se  desarrolla  paso a paso, no resulta  procedente  escindir  lo  principal  de  lo  accesorio,  pues  lo  uno y lo otro  concurren  a dar forma a ese vínculo procesal, que de hacerlo además de romper  dicha  estructura crearía desigualdades o brindaría un tratamiento    diferente  a unos sujetos respecto de otros, no obstante hacer parte de la misma  conexión litigiosa.   

Agregase a lo anterior, que temas alusivos al  trámite   al   que   deben   someterse   las   discrepancias   traídas   a  la  jurisdicción   y,  por  tanto, anejas a las formas propias de cada litis o  proceso,  son  aspectos  que la ley se los reserva, son de su exclusivo resorte,  lo  que  implica  que  solo  ella  gobierna  en  los  términos que considere la  forma    de   rituarse    esas   disputas;  y,  salvo  que  la  propia  normatividad  lo  autorice,  el  funcionario judicial no puede variar las etapas  señaladas  ni  los  mecanismos  de  censura  a  las  decisiones  que  profiera.   

Frente  a  la  libertad  de  configuración  normativa  del legislador en materia de doble instancia, la jurisprudencia de la  Corte Constitucional ha señalado que:   

(…)  La  Sentencia  C-046  de  2006  es  enfática  en  reiterar  que  la  regulación  de  los  diversos  procedimientos  judiciales,  corresponde  al legislador en ejercicio de su  amplia potestad  de  configuración.   En  ese  sentido,  la  Corte  ha  señalado  que  con     fundamento     en     sus     atribuciones  constitucionales,   es  el  legislador  el  llamado  a  establecer  en  las  diversas  actuaciones  judiciales  los  procedimientos  que han de surtirse, las  acciones,  los  términos,  los recursos y en general todos los aspectos propios  de  cada  proceso  atendiendo  su naturaleza, a fin de establecer las reglas que  han de observarse.   

En   virtud  de  esta  atribución  puede  preceptuar  diferentes  medios  de  impugnación  de  las decisiones judiciales,  como,  por  ejemplo, recursos ordinarios y extraordinarios, las circunstancias y  condiciones  en  las que proceden y la oportunidad procesal para interponerlos y  decidirlos,  e  incluso  definir  cuándo  no  procede  ningún  recurso. En ese  sentido  es  preciso  recordar  la  sentencia  C-005 de 1994, en la que la Corte  expresó lo siguiente:   

“Así,  pues,  si  el  legislador  decide  consagrar  un  recurso  en  relación con ciertas decisiones y excluye del mismo  otras,  puede  hacerlo según su evaluación acerca de  la  necesidad y conveniencia de plasmar tal distinción, pues ello corresponde a  la   función   que  ejerce,  siempre  que  no  rompa  o  desconozca  principios  constitucionales  de  obligatoria  observancia.  Más  todavía,  puede,  con  la  misma  limitación,  suprimir  los recursos que haya  venido  consagrando  sin  que,  por  el  sólo  hecho  de  hacerlo,  vulnere  la  Constitución Política.”   

Ahora  bien,  se  ha  precisado  por  esta  Corporación   que   si   bien   el  legislador  en  ejercicio  de  su  facultad  constitucional  de hacer las leyes y expedir códigos en las distintas ramas del  Derecho  a  que  alude el artículo 150 superior, cuenta con una amplia potestad  de  configuración,  dicha  potestad  no  es  absoluta  pues  ella encuentra sus  límites   en   los   principios   y  valores  consagrados  en  el  ordenamiento  constitucional,  que  en materia de procedimientos particularmente  imponen  el  respeto   de   los  derechos  de  acceso  a  la administración de  justicia, debido proceso e igualdad.   

En  relación  con el principio de la doble  instancia,  como  ya  se  señalaba,  éste  tiene un  vínculo  estrecho  con  el debido proceso y el derecho de defensa, ya que busca  la  protección  de  los  derechos  de  quienes  acuden  al  Estado  en busca de  justicia.  Sin  embargo,   como  lo  ha  puesto  de presente reiteradamente  la   Corte, dicho principio no hace parte del contenido esencial del debido  proceso  ni  del  derecho  de  defensa  en  todos  los  campos,  pues  la propia  Constitución,  en su artículo 31, establece que el Legislador podrá consagrar  excepciones  al  principio  general, según el cual toda sentencia es apelable o  consultable.  (ver  entre  otras  SCC  C-788  de 2002,  C-1091  de  2003,  C-561  de 2004, C-1233 de 2005, C-005 de 1996, C-095 de 2003,  C-040 de 2002 y C-900 de 2003).   

En  conclusión,  si  por  mandato  legal la  restitución  de un predio dado en arrendamiento, cuando la causal invocada para  ello   es   la  mora,  su  trámite  es  de  «única  instancia»,  lo que comporta que, también, lo serán  las  cuestiones  «adjuntas»  que en él se adelanten.   

Así pues, como el asunto de la «oposición»  se desarrolló dentro del  sub   júdice  que,  valga  reiterarlo,  por  ser  de  única  instancia  no  es susceptible de «apelación»,   aquella   se   deberá  ventilar  con  prescindencia  de  los  recursos  verticales,  toda  vez  que, en  palabras  del tribunal a-quo,  lo    «adjetivo    sigue    la    suerte   de   lo  principal», esto es, que no puede ser plausible desde  el  punto de vista judicial que la actuación emprendida, siendo de «única    instancia»,   pueda   tener  trámites  que  si  puedan  ser  revisados  por  el  superior,  en tanto que por  principio  de  coherencia  procesal esa disonancia no puede tener cabida, ya que  ello      rompería     la     unidad     a     que     se     hizo     alusión  anteriormente.           

Por demás, no hay fundamento jurídico que,  para  el caso analizado, autorice expresamente, según debe ser, la alzada a que  accedió   dar   trámite   la   jueza   querellada,   lo  que,  a  fortiori,  impone  ratificar la decisión  cuestionada.   

5.  Por  consiguiente,  toda  vez  que  las  decisiones  que  se  tomen  han  de ser razonadas y fundadas en el ordenamiento,  esto  es, que atiendan a los mínimos criterios y parámetros constitucionales y  legales,  en  términos de valores, principios y reglas, y por ello, deben estar  encaminadas  efectivamente  a la finalidad de proteger a esos postulados, es por  lo  propio  que  no  sea  dable  argüir  que,  al  mediar  la  intervención de  «terceros»,  se  puedan  tomar  decisiones  que  no  tengan  justificación  normativa,  derivando  así,  entonces,  procederes  caprichosos  como  ocurrió  en  el  presente caso.    

6.-  Con base en lo anterior, se confirmará  el fallo objeto de impugnación.   

DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República      y      por     autoridad     de     la     ley,     CONFIRMA  la sentencia de fecha, contenido  y procedencia puntualizados en la motivación que antecede.   

Comuníquese telegráficamente lo resuelto en  esta  providencia  a los interesados y oportunamente envíese el expediente a la  Corte Constitucional para su eventual revisión.   

Notifíquese  

Presidente de Sala  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

         

SALVAMENTO DE VOTO  

Con  el  mayor respeto hacia los magistrados  que  suscribieron la providencia, nos permitimos expresar nuestro disenso frente  a    la    decisión    que   se   adoptó,   con   base   en   los   siguientes  argumentos:   

1.  La  concesión del amparo fue confirmada  por  considerar  que  la  juez de segunda instancia obró de manera contraria al  ordenamiento  legal al admitir, sin respaldo jurídico, el recurso de apelación  interpuesto  por  la  opositora  contra  el auto que rechazó su oposición a la  entrega.    

Sin  embargo,  la  Sala  no advirtió que el  proceder  de  la  funcionaria  judicial no podía tildarse de constituir vía de  hecho  en  razón  de que la norma adjetiva que regula  lo  atinente  a la diligencia de entrega, determina la procedencia del señalado  medio  de  impugnación,  el  cual  no  podía  restringirse  en  una actuación  promovida  por  una  persona  ajena  a  la  relación  jurídico procesal.    

2. Al tenor del artículo 338 del Código de  Procedimiento  Civil  (numeral 2º del parágrafo 1º)  «el  auto  que  rechace  la  oposición, es apelable  en  el efecto devolutivo»,  previsión   que  halla  su  fundamento  en  que  los  destinatarios  de  la  norma  son básicamente los terceros que consideren estar  facultados  para  impedir  que  el  bien  sea  entregado a una de las partes por  cuanto son ellos quienes detentan la posesión material del mismo.   

El citado precepto habilita la intervención  de  un  sujeto  de  derechos que es diferente del demandante y del demandado, el  cual  no  está  obligado  a  acatar  lo resuelto en la sentencia, cuyo interés  jurídico recae únicamente sobre la cosa objeto de la entrega.   

En  tanto la materia sustancial discutida en  el  proceso  no  lo  perjudica  ni  le aprovecha, es por definición un extraño  frente   a   la   litis,  y  precisamente  es  desde  tal  punto  de  vista  que  el  legislador  le  permite  comparecer  en defensa de sus aspiraciones sin dependencia o vínculo voluntario  o  involuntario  con las partes, ni con la relación procesal que entre ellas se  configura por razón del juicio.    

De  ahí  que  la  disposición  comentada  propenda  por  la protección efectiva de la garantía constitucional de defensa  de  ese  tercero  a  través  de  la consagración de la alzada como instrumento  idóneo  para  que  pueda discutirse ante el superior funcional la legalidad del  rechazo  de  su  oposición,  que  se  justifica  plenamente por la necesidad de  procurar  la mayor protección posible a quien ninguna otra oportunidad tiene de  reclamar sus derechos.   

3. La oposición del tercero poseedor es en  esencia  una cuestión diversa del conflicto que es debatido en el juicio, en la  cual  las  pretensiones  del  interviniente son autónomas frente a las aducidas  por  el demandante y el demandado. Por ende, tanto su trámite como la decisión  que   la  resuelva  son  totalmente  independientes  de  la  acción  principal.   

Por  consiguiente,  las  vicisitudes  del  proceso,  lo mismo que la estructura y reglamentación que tiene definidas no se  extienden  a  esa  actuación  incidental  que  está  gobernada  por  una forma  procedimental  propia,  instituida  para  la  tutela  judicial  efectiva  de las  garantías  constitucionales  y legales del tercero en su condición de extraño  a  la  discusión que enfrentó a los sujetos de la relación jurídica debatida  en el litigio.    

De   modo   que   la  regla  atinente  al  conocimiento  en  única instancia de la acción restitutoria por ser la mora en  el  pago  de  los cánones de arrendamiento la causal invocada por la demandante  no  es  aplicable  en  el  trámite  de  la  oposición,  cuyo  procedimiento  y  regulación    -como    se   dijo-   es   independiente   de   la   controversia  principal.   

4.  Por  otra  parte,  dejar  inoperante el  principio  constitucional  de  doble  instancia  en  el  caso  del opositor a la  entrega    a    quien   se   le   obliga   a   que   permanezca   «indiferente  en  cuanto a la Litis objeto del proceso»1, es lesivo de  sus  derechos  fundamentales  al  debido  proceso, a la defensa y al acceso a la  administración  de  justicia, por cuanto con esa limitante su intervención que  de  por  sí es restringida y transitoria, se vería injustamente cercenada ante  la  imposibilidad  de  acudir  al  superior  funcional  del juez que conoció la  litis.   

Aunque  no  se  discute  que las partes del  proceso  están sometidas a esa restricción, el tercero que ha alegado tener la  posesión  material  del  bien  no  debe  recibir  idéntico  tratamiento porque  simplemente  no se encuentra en un plano de paridad con el actor y el demandado.   

La  distinta  posición  jurídica  de  los  opositores  en  relación  con los sujetos procesales es evidente; se refleja en  su       restringida       legitimación      ad  processum,  que  les  impide  discutir  las cuestiones  principales  de  la  controversia  y protestar las decisiones que solo afectan a  los  segundos;  su intervención concluye cuando el juzgador define la cuestión  accidental  o  temporal  para  la  cual  están  legitimados, y en virtud de los  efectos  relativos de la cosa juzgada, en línea de principio, no son alcanzados  por  la  sentencia  salvo  que  se  demuestre  la  inexistencia  de su derecho a  permanecer en el goce de la cosa.   

   

5.  Por eso, en síntesis, si la situación  del  tercero  opositor no es asimilable a la de los enfrentados en el juicio, no  es  procedente,  y  por  el  contrario  resulta ilegítimo, impedir su acceso al  juzgador  ad  quem a través  del  recurso  de apelación que contempla el artículo 338 del estatuto adjetivo  contra  la  providencia  que  rechaza  la oposición a la entrega, razón por la  cual,  consideramos  que debió revocarse el fallo impugnado y en su lugar negar  la petición de amparo.   

En  los  términos  que  preceden  dejamos  consignado nuestro salvamento de voto.   

De los Señores Magistrados,  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

Magistrado  

    

1  Alsina  Hugo,  Tratado Teórico Práctico de Derecho Procesal Civil y Comercial.  Tomo   I.   Buenos   Aires:   Compañía   Argentina   de   Editores,  1982,  p.  356.     

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