AC4080-2014 [2007-00185-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

Magistrado Ponente  

AC4080-2014   

Radicación    n°  05001-31-03-014-2007-00185-01   

(Aprobado en sesión de 10 de junio  de  2014)   

Bogotá, D. C., veintitrés (23) de julio de  dos  mil catorce (2014).-   

Procede   la   Sala  a  decidir  sobre  la  admisibilidad  de la demanda presentada para sustentar el recurso extraordinario  de  casación  que  la accionante, CI MULTISERVICIOS DE  INGENIERÍA  1-A  S.A., interpuso frente a la sentencia  proferida  el  28  de  febrero  de  2013  por  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Medellín,  Sala Civil, en el proceso ordinario que ella adelantó  en   contra   de  las  sociedades  CHUBB  DE  COLOMBIA  COMPAÑÍA  DE  SEGUROS S.A. y  COMPAÑÍA SURAMERICANA DE SEGUROS S.A.   

ANTECEDENTES  

1.             Con   el   libelo  generador  de  esta  controversia,   obrante  del  folio  100  al  110  del  cuaderno  principal,  se  pretendió,  en  concreto,  que  se  declarara  la  responsabilidad civil de las  accionadas  por  haber  incumplido el contrato de seguro contenido en la póliza  No.  43028639,  al  no  reconocerle  a  la  actora la indemnización causada con  ocasión  de  los  daños  que sufrió una maquinaria de su propiedad cuando era  transportada;  y  que,  por  lo tanto, se condenara a aquélla a pagarle a ésta  “el  valor  asegurado,  actualizado  monetariamente  (…),  y  con  los  intereses  de  mora  a  la  máxima  tasa  permitida por la  ley”,  liquidados  desde el 5 de junio de 2005, así  como las costas del proceso.   

2.             Agotado  el  trámite  de  la  primera  instancia,  el  Juzgado  Catorce  Civil  del  Circuito  de  Medellín, al que le  correspondió  el  conocimiento  del asunto, le puso fin con sentencia del 10 de  septiembre   de   2012,   en   la   que   declaró   probada   la   “excepción  denominada  ‘AUSENCIA       DE       INCUMPLIMIENTO       CONTRACTUAL’” y, en tal  virtud,  denegó  la  totalidad de las pretensiones de la demanda (fls.529 a 538  vuelto, cd. 1).   

3.            Inconforme  con  ese pronunciamiento, la  actora  lo  apeló. El Tribunal Superior de Medellín, Sala Civil, al desatar la  alzada,  optó por confirmarlo, lo que hizo en su sentencia del 28 de febrero de  2013 (fls. 69 a 78, cd. 11).   

4.              La   accionante   interpuso   recurso  extraordinario  de  casación contra el fallo de segunda instancia que, luego de  que   fue   concedido   por  el  ad  quem  y  admitido por esta Corporación, sustentó con la demanda objeto  de este proveído.    

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

Tres  fueron los planteamientos centrales de  la providencia impugnada, que pasan a reseñarse:   

1.            El  juzgador  de  instancia  se  ocupó,  primeramente,  de  determinar  cuál  fue el riego asegurado, lo que hizo en los  siguientes términos:   

1.1.          De la póliza se infiere que con ella se  amparó  “la pérdida total de la maquinaria, según  las  definiciones dadas, tanto por los eventos contemplados en el punto 7.1 como  por   la   avería   particular,  pero  en  este  caso  no  lo  hacía  para  la  usada”.   

1.2.          Esa  “es  la  interpretación  que  para  los  efectos  del  amparo  debe darse al contrato de  acuerdo  con  las  estipulaciones  mencionadas, interpretación que está acorde  con  lo señalado por el testigo José Antonio Ricaurte Rueda a folio 295 del c.  8,  quien  laboraba  en  Madero  y Maldonado Corredores de Seguros, la firma que  intermedió  en  la  venta  del  seguro,  y lo ratificó el señor Jorge Gabriel  Ospina  Correa  quien trabajaba para la demandada Chubb de Colombia S.A. a folio  4 del c. 4”.   

1.3.            Por    consiguiente,    “las  demandadas solamente ampararon la pérdida o el daño de los  bienes  transportados,  cuando  las  mismas  ocurrieran  exclusivamente  en  los  eventos  contemplados  en el punto 7.1 llamado dicho hecho pérdida total, y por  avería  particular  en maquinaria nueva, pues se excluyó la usada, además del  derivado  de  falta  de  entrega  y  saqueo,  así  como la contribución por la  llamada avería gruesa”.   

2.            En segundo lugar, el Tribunal se refirió  a  la  demanda  con  la  que  se dio inicio al litigio, en relación con la cual  observó:   

2.1.          La  actora  pretendió  que “se  le  indemnice la maquinaria por ella adquirida y transportada  por  barco  desde Nueva York por pérdida total, dado que pide el valor íntegro  de  la  póliza,  anexa  prueba  que muestra tal tipo de pérdida, y mediante la  misma  trata de determinar que no es procedente reparar el equipo”.   

2.2.              Ese      libelo     “carece  de  concreción  y claridad en cuanto al tema de la causa  del  siniestro,  elemento  necesario  para determinar si lo que quería el actor  era  el  cobro  en  razón de la pérdida total por haber acaecido alguno de los  eventos   contemplados  en  la  cláusula  7.1  del  convenio  (incendio,  rayo,  explosión,  hechos  tendientes  a  extinguir  el fuego, caídas accidentales al  agua,  o accidente del vehículo transportador cuando se movilice por su medios)  o  por avería particular, situación que también se observa en la reclamación  efectuada  a la aseguradora, fl. 38 c. 1. El demandante solamente se limit[ó] a  informar  que  la  mercancía  llegó  averiada  sin especificar para efectos de  determinar  el  riesgo  asegurado, cuál fue el evento preciso que determinó el  siniestro”.   

2.3.          Pese  a  que  tanto  al  responderse  la  reclamación  elevada  para  el  pago  de  la  indemnización,  como  la demanda  generatriz  de  esta controversia, las accionadas se refirieron fundamentalmente  a   “la  exclusión  de  cobertura  por  avería  de  maquinaria  usada”,  como en el proceso “se   discutieron   todas  las  situaciones  relacionadas  con  la  cobertura   de   la  póliza  y  el  amparo  del  hecho  acaecido”,   se   impone  “contemplar  todos  los  amparos dados”.     

3.            Con apoyo en las precedentes reflexiones,  el  ad  quem, en definitiva,  concluyó:   

3.1.           Los “daños y  pérdidas  por  avería particular no estaban amparados para la maquinaria usada  que  en  este  evento  se  transportaba,  razón  por  la cual, sin necesidad de  mayores    consideraciones,   no   puede   ordenarse   pago   alguno   por   tal  causa”.   

3.2.          “Apreciada  la prueba se determina que  no  obra la necesaria que demuestre que el riesgo asegurado se haya dado en este  asunto,  pues  no  aparece  el menor elemento que muestre que acaeció alguno de  los  eventos  contemplados  en el numeral 7.1. Incluso el mismo representante de  la  demandante  a  folio  9  [d]el c. 5, al ser interrogado sobre el hecho de si  conoció  de  la  ocurrencia de algún evento de los referidos, contestó que no  conoció  que  se  hayan  presentado,  y que solo supo que al llegar a Cartagena  cuando  fue  inspeccionado  el  contenedor,  el  equipo  se  encontraba bastante  deteriorado,  por lo que concluyó que se había averiado dentro del transporte,  lo  que  a  las  claras muestra que ni siquiera la demandante era consciente del  acaecimiento  del  riesgo  desde el aspecto que se está tratando”.   

Al  respecto,  el  Tribunal descartó que se  estuviere           exigiendo          una          prueba          “diabólica”,  pues  la  ocurrencia de  alguno  de  los  eventos  previstos  en  la  cláusula  7.1 de la póliza podía  acreditarse  con  los  “informes  del  barco que dan  cuenta   diaria   de   lo   sucedido   durante   la   navegación”,  o  con  los  registros  que  se  llevan  en  los  puertos,  o con  testimonios.   

3.3.             En    el    proceso    “[n]i  siquiera  aparece  probado  plenamente,  como  lo dedujo el  señor  Juez,  que la mercancía hubiera sido embarcada en perfecto estado, para  así  al  menos  derivar  un indicio de que el desperfecto se produjo durante la  navegación,  porque  la  prueba  al  respecto  es  totalmente  contradictoria e  insuficiente,  y  por  el  contrario  aparecen testimonios y fotografías que lo  descartan, f. 15 a 33 del c. 5”.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Contiene  un solo cargo fundado en el motivo  inicial  del  artículo 368 del Código de Procedimiento Civil, mediante el cual  se  denunció  la  violación  indirecta  de  los  artículos 982, 986 y 992 del  Código  de  Comercio, como consecuencia de “error de  derecho  derivado  del  desconocimiento  de  la carga probatoria contenida en el  artículo  177  del  Código de Procedimiento Civil”.   

Para sustentarlo, el recurrente, en resumen,  expuso:   

1.            La exigencia del Tribunal, consistente en  que  correspondía  a  la  demandante  acreditar  la ocurrencia de alguno de los  eventos  contemplados  en la cláusula 7.1 de la póliza, vulneró la primera de  las normas atrás mencionadas, puesto que ella establece:   

El transportador estará obligado, dentro del  término,  por  el  modo  de transporte y la clase de vehículos previstos en el  contrato  y, en defecto de estipulación, conforme a los horarios, itinerarios y  demás   normas   contenidas  en  los  reglamentos  oficiales,  en  un  término  prudencial y por una vía razonablemente directa:   

1. En el transporte  de  cosas  a  recibirlas,  conducirlas  y  entregarlas  en  el estado en que las  reciba,   las   cuales   se   presumen  en  buen  estado,  salvo  constancia  en  contrario, y   

2. En el transporte de personas a conducirlas  sanas y salvas al lugar de destino.   

2.            Tal  infracción,  así  como  la de las  otras  disposiciones del Código de Comercio invocadas, que igualmente el censor  reprodujo,  obedeció  a  que  el ad quem desconoció   el   mandato   del   artículo   177  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  del  que  transcribió  su  primera  parte,  toda vez que  “advirtió la existencia del medio de prueba exigido  por  la  norma  probatoria, solo que al confrontarlo con las normas sustanciales  propias,  desvió las mismas pues apreció de una manera indebida y ello condujo  a   la   corporación   a   proferir   una   sentencia   contraria   a   la  ley  sustancial”,  planteamiento  que reforzó trayendo a  colación   algunas  de  las  consideraciones  esgrimidas  por  el  ad quem.   

3.            Añadió  que  el  Tribunal “dio  por  sentado,  estándolo,  que  se  arrimó  por  parte del  demandante  la prueba del daño, así lo evaluó, pero lo hizo en forma distinta  al  verdadero  alcance  de  la  norma  sustancial,  pues pese a reconocer que el  contrato  de  seguro  que  sirve  de  base a la acción es un contrato de seguro  accesorio  a  un  contrato de transporte olvidó la carga de la prueba para este  tipo de contrato”.   

4.               Puntualizó    que    “[l]a  falta de aplicación de la norma sustancial que consagra la  obligación  del transportador de exonerarse de la responsabilidad que deriva de  la  entrega de la mercancía en mal estado mediante una causa extraña condujo a  la  H.  Sala  Novena de Decisión del Tribunal Superior de Medellín a confirmar  la  sentencia  cuestionada;  la anterior afirmación resulta evidente en el caso  en  estudio,  pues bastaba a la parte actora acreditar el daño para invertir la  carga  de  la  prueba,  pues  por  tratarse  de  una  obligación  de resultado,  correspondía  a  la parte demandada desvirtuar el nexo de causalidad, se repite  mediante una causa extraña”.   

5.            Advirtió  el  censor, que se incurre en  error     de     derecho    “(…)    ‘[c]uando  el sentenciador exige para la  justificación  de  un  hecho  o  un  acto  una  prueba  especial  que la ley no  requiere…’  (…)”;     y     explicó    que    “en  el  caso  en estudio, ello acontec[ió] cuando el H. Tribunal  Superior  de  Medellín  adu[jo]  que  el  demandante  no  cumplió con la carga  probatoria  al  no  haber  demostrado  el  siniestro  acreditando simplemente el  daño,  sin  tomar  en  consideración  el  tipo  de  contrato que dio origen al  contrato  de  seguro que sirve de base a la acción ordinaria en estudio y a las  obligaciones  que  el transportador asume por el tipo de contrato”.   

6.             Al  final  observó  que  “la  carga  dinámica  de  la  prueba”  implica   para   las   partes   “propender  por  el  esclarecimiento  de  la realidad material de los hechos y por tanto no podía el  H.  Tribunal  Superior  de  Medellín,  Sala de Decisión Civil, desconocer esta  obligación  menos  cuando, se repite, por el tipo de contrato constituía ésta  una    carga    probatoria    de    las   sociedades   demandadas”.     

CONSIDERACIONES  

1.             Es   requisito   de  toda  demanda  de  casación,  según  el  mandato del inciso 1º del numeral 3º del artículo 374  del  Código  de  Procedimiento Civil, que los fundamentos de cada acusación se  expongan  “en  forma  clara y precisa”,  previsión  que  como constante e invariablemente lo ha explicado  la  Corte,  significa  que ellos sean “perceptible[s]  por  la  inteligencia  sin  duda  ni  confusión”, es  decir,       que       se       presenten       de      manera      “exacta”  y  “rigurosa”  de  modo que  contengan  “los  datos que permitan individualizarla  dentro  de la esfera propia de la causal que le sirve de sustento” (CSJ, SC del 15 de septiembre de 1994).   

En  suma,  los argumentos que se esgriman en  sustento  de  un cargo aducido en casación, deben permitir establecer en dónde  radica  y  cómo  se  produjo  el yerro denunciado, sin que, por lo tanto, pueda  dejarse  a  la  Corte  la  carga  de  definir  o  desentrañar  los alcances del  reproche,   habida   cuenta   la  naturaleza  eminentemente  dispositiva  de  la  casación.   

2.           Ahora  bien,  los  referidos  requisitos  -­precisión y claridad de  los  fundamentos-,  en  el  caso de acusaciones edificadas a la luz de la causal  primera  del  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil, igualmente  comportan  la  obligación  del recurrente de combatir cabal e íntegramente los  genuinos  soportes  en  que  se  hayan  apoyado  las decisiones adoptadas por el  sentenciador de instancia.   

Sobre  el  punto,  tiene  dicho  la  Corte  que:   

Debe tenerse en cuenta, además, que, habida  cuenta  del  carácter  eminentemente dispositivo y restringido de la casación,  anteriormente  advertido,  cuando el cargo se construye con base en el quebranto  de        la       ley       sustancial,       se       torna       indispensable para el recurrente, por una  parte,  enfocar acertadamente  las  acusaciones  que  formule,  con  lo  que  se  quiere  significar  que ellas  deben  combatir  las  genuinas  razones, jurídicas o  fácticas,  que  soportan  el  fallo impugnado, y no unas extrañas a él, fruto  del  incorrecto  o  incompleto  entendimiento  que de la sentencia haya hecho el  censor,  o  de  su imaginación, o inventiva; y, por la  otra,  que  su  actividad  impugnaticia  tiene que estar dirigida a derruir   la   totalidad   de  esos  argumentos  esenciales  de  la  sentencia,  pues  si  el  laborío del acusador no los  comprende  a cabalidad, al margen de que el juzgador de instancia hubiere podido  incurrir  en  las  falencias  denunciadas,  su sentencia no podría quebrarse en  virtud del recurso extraordinario.   

Sobre  estos  aspectos, la Sala ha expuesto  que  ‘el  ordinal 3º del  artículo  374 del C. de P.C., establece como requisito formal de la demanda que  sustenta  el  recurso  extraordinario de casación, la formulación ‘de  los  cargos  contra  la sentencia  recurrida…  en  forma clara y precisa’,  es  decir,  con estricto ceñimiento a  las  razones o fundamentos del fallo impugnado, porque  lógica  y  jurídicamente  debe  existir  cohesión  entre  el ataque o ataques  contenidos  en  la  demanda  de  casación  y  la  sentencia  del  ad quem   (…),  pues  no  de  otra  manera   puede   llegar   a  desvirtuarse,  según  el  caso,  la  acerada   presunción    de   legalidad   y   acierto   con   que   llega  amparada  -a esta Corporación- la sentencia recurrida. (…).  El    recurso    de    casación    -ha    dicho    la    Corte-    ‘ha  de  ser  en  últimas  y  ante la  sentencia       impugnada,      una      crítica  simétrica de consistencia tal que, por mérito de la  tesis  expuesta  por  el  recurrente  de  manera  precisa,  y  no por intuición  oficiosa  de la Corte, forzoso sea en términos de legalidad aceptar dicha tesis  en  vez  de las apreciaciones decisorias en que el fallo se apoya…’  (Cas.  civ.  de 10 de septiembre de  1991).     (…).     La     simetría    de    la  acusación   referida  por  la  Sala  en  el  aparte  anterior,  debe entenderse no solo como armonía de la  demanda  de  casación con la sentencia en cuanto a la plenitud del ataque, sino  también  como  coherencia lógica y jurídica, según se dejó visto, entre las  razones    expuestas    por    el    juzgador    y   las   propuestas   por   el  impugnante,  pues  en vano resulta para el éxito del  recurso  hacer  planteamientos  que  se  dicen  impugnativos,  por pertinentes o  depurados   que   resulten,   si  ellos  son  realmente  extraños  al  discurso  argumentativo  de  la  sentencia,  por desatinada que sea, según el caso. No en  balde,  como  se  ha acotado insistentemente, el blanco privativo del recurso de  casación  es  la  sentencia de segundo grado, salvo tratándose de la casación  per  saltum, situación en la cual dicho blanco estribará en la sentencia       de       primera      instancia      (…)’  (Cas.  Civ.,  sentencia  de  10  de  diciembre de 1999, expediente No. 5294).   

En  pocas  palabras: el cargo fundado en el  numeral  1º  del  artículo  368  del Código de Procedimiento Civil debe estar  debidamente   enfocado  y  ser  completo  o, lo que es lo mismo, debe controvertir  directamente  la  totalidad  de  los  auténticos  argumentos  que  respaldan la  decisión   combatida  (CSJ,  auto  de  19 de diciembre de 2012, Rad. 2001-00038-01; se subraya).            

3.            El  cargo,  según  se  desprende  del  compendio  que  de  él se hizo, no es claro, ni preciso, como quiera que, en lo  que   puede   extractarse   de   los  planteamientos  en  que  se  sustenta,  se  circunscribió  a  transcribir  las  normas  que  se  afirmaron quebrantadas y a  aseverar  que  el  Tribunal no atendió el mandato del artículo 177 del Código  de  Procedimiento  Civil,  toda vez que, pese a que vio la íntima conexión que  existía  entre  el  contrato de seguro base de la acción y el de transporte en  desarrollo  del cual se verificó la movilización de la maquinaria identificada  en  la  demanda,  no admitió que en el presente caso operó la inversión de la  carga  de la prueba y que, por lo mismo, le bastaba a la actora con acreditar el  daño.   

Si  el  Tribunal en su fallo no se refirió  para  nada  al  indicado  contrato  de transporte, como se constata de la simple  lectura  de  ese proveído, y si, además, en la celebración de esa convención  no  fueron parte las aseguradoras aquí demandadas, es palmaria la insuficiencia  de  los  comentados  planteamientos  esbozados  en  el cargo para estructurar el  presunto  yerro probatorio sobre el que él versa, pues ellos no explican, de un  lado,   cómo   en   relación   con   dicho   negocio   jurídico  –contrato  de  transporte- es que opera  la  inversión  de  la  carga probatoria a que aludió el recurrente y, de otro,  como  fue  que  ese efecto jurídico se materializó en este litigio, cuando él  no  versa sobre el transporte de la mercancía, sino sobre el contrato de seguro  que la amparaba mientras se realizaba su movilización.   

4.           A la deficiencia atrás detectada se suma  otra  de  igual  o  mayor  magnitud  si  se quiere, consistente en que la única  acusación  propuesta en la demanda de casación que se estudia, es incompleta y  desenfocada, como pasa a analizarse.   

4.1.          El  Tribunal,  a  efecto de confirmar el  fallo  desestimatorio  dictado  en  primera  instancia,  con  fundamento  en  la  valoración  que hizo de la demanda, del contrato de seguro base de la acción y  de  las  declaraciones  de  los  señores  José  Antonio Ricaurte Rueda y Jorge  Gabriel Ospina Correa, concluyó:   

a)           En primer lugar, que el riesgo asegurado  fue  únicamente  la  “pérdida total”  del  aparato transportado, entendida en la forma como fue definida  en  la  póliza  misma,  puesto  que  la avería particular de maquinaria usada,  condición que tenía dicho equipo, fue excluida como tal.   

b)           Y,  en segundo término, que siendo ello  así,  no  había  lugar a acceder a las pretensiones de la demanda, como quiera  que   la   actora  no  demostró  que  la  “pérdida  total” de la maquinaria hubiese sido consecuencia de  alguna   de   las  específicas  circunstancias  señaladas  en  la  póliza  al  consagrarse   esa   cobertura,  es  decir,  fue  resultado  de  incendio,  rayo,  explosión,  hechos  dirigidos  a  conjurar  el  fuego originado en esas causas,  caída  accidental  al  mar  o  río  en  el  cargue,  descargue o transbordo, o  accidente  del  vehículo transportador, cuando estuviese movilizándose por sus  propios medios.   

   

c)            Y,   finalmente,  que  en  el  proceso  “[n]i  siquiera  aparece  probado plenamente, (…),  que  la mercancía hubiera sido embarcada en perfecto estado, para así al menos  derivar  un  indicio  de  que  el desperfecto se produjo durante la navegación,  porque  la prueba al respecto es totalmente contradictoria e insuficiente, y por  el  contrario  aparecen  testimonios y fotografías que lo descartan, f. 15 a 33  del c. 5”.   

4.2.           Cotejados   esos   planteamientos  del  Tribunal  con  los  del cargo que se ausculta, salta de bulto que la mayoría de  aquellos  no  fueron  controvertidos por el recurrente, puesto que él nada dijo  sobre  la  obscuridad  que  el  ad  quem halló  en la demanda, respecto de la causa específica del daño de  la  maquinaria  transportada;  o  sobre  el  verdadero  sentido  y alcance de la  póliza,  en punto del riesgo asegurado; o sobre los testimonios de los señores  José  Antonio  Ricaurte  rueda y Jorge Gabriel Ospina Correa, en cuanto hace al  mismo aspecto.   

Ninguna  duda hay, entonces, respecto a que  el  cargo,  como  ya  se anteló, no comprendió la totalidad de los fundamentos  bailares de la sentencia recurrida.   

   

4.3.            Ahora  bien,  si  se entendiera que la  censura  en  examen  está dirigida a poner de presente, de un lado, que el buen  estado  de  las  mercancías  trasportadas  debía presumirse, por cuanto fueron  recibidas  por  parte  del transportador sin que se registraran observaciones en  contrario  (art. 982, C. de Co.); y, de otro, que su daño por consiguiente tuvo  que  producirse mientras fueron movilizadas, toda vez que a su llegada al puerto  de  destino  estaban  averiadas,  es  de  verse que la acusación tampoco guarda  estricta simetría con el pensamiento del Tribunal.   

Es  que  dicha  Corporación estimó que la  mencionada  presunción estaba desvirtuada con el testimonio recogido en el acta  que  milita  del  folio 15 al 19 del cuaderno No. 5, esto es, con el que rindió  la  señora María Eugenia Restrepo Lotero, y con los documentos consistentes en  las  fotografías  que aparecen del folio 26 al 33 de ese mismo cuaderno, medios  de  juicio  cuya valoración tampoco le mereció ningún reproche al recurrente,  quien guardó absoluto silencio en torno de ellos.   

5.           En  suma,  el cargo es confuso en lo que  propone;  dejó  sin atacar los principales fundamentos del fallo cuestionado; y  al  controvertir  el  único  aspecto  de  ese  proveído  del que se ocupó, no  respetó las genuinas razones en las que él se sustentó.   

6.           Resultado del análisis que antecede, es  que  la  acusación auscultada no cumple los requisitos formales y técnicos que  le  son  propios, por lo que habrá de inadmitirse la demanda que la contiene y,  como   consecuencia  de  ello,  declararse  desierto  el  recurso  de  casación  formulado  contra  el  fallo  del  ad quem.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,     en     Sala     de     Casación     Civil,    INADMITE   la   demanda  presentada  para  sustentar  el  recurso  extraordinario plenamente identificado al inicio de este  proveído     y,     consiguientemente,     DECLARA  DESIERTO el mismo.   

Notifíquese y, en oportunidad, devuélvase  el expediente al Tribunal de origen.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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