STC 16661 2014

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Magistrada ponente  

                                  STC16661-2014   

Radicación           n.°  17001-22-13-000-2014-00304-01   

(Aprobado  en sesión de tres de diciembre de  dos mil catorce)   

          Bogotá,  D. C., cuatro (4) de diciembre  de dos mil catorce (2014).   

          Decídese  la  impugnación  interpuesta  contra  la  sentencia  de  9  de  octubre  de  2014,  mediante  la  cual la Sala  Civil-Familia  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales otorgó  el  amparo rogado en la acción de tutela promovida por el Cabildo Indígena del  Resguardo    San   Lorenzo   frente   al   Juzgado   Civil   del   Circuito   de  Riosucio.   

ANTECEDENTES  

          1.- El ente gestor demanda la protección  constitucional  de  sus  derechos  fundamentales  de  las minorías y diversidad  étnica  y  cultural,  aplicación  de  la  justicia  propia,  igualdad,  debido  proceso,  autonomía  jurisdiccional y a aplicar la ley de origen de los pueblos  indígenas, presuntamente vulnerados por el despacho encartado.   

          2.1.-  William  Andrés  Gañán Andica,  refiere  que  desde  el  19  de mayo del año que avanza se halla recluido en el  «centro      de      resocialización»  de  su  comunidad étnica, a secuela de haber incurrido en actos  prohibidos  consistentes  en  sostener  relaciones  sexuales con una menor de 14  años  dentro  del  territorio  tribal,  impetró  acción  de hábeas corpus en  contra   del   Gobernador   y   de   la   Comisión   de  Justicia  del  aludido  cabildo.   

          2.2.-  El  juzgado  querellado, mediante  decisión  de  27  de  agosto  de  2014, «concedió la  acción  constitucional» de que trata el artículo 30  Superior,  al  señalar  que  se  le  están prodigando a aquel tratos crueles e  inhumanos  derivados  de  la falta de sustento alimenticio, sin analizar el tema  con  vista  en  «las  interpretaciones  de  la  Corte  Constitucional,  a  la luz de la [C]onstitución [P]olítica de Colombia, de los  tratados  y  convenios internacionales de tal forma que se proteja materialmente  a  los  pueblos  originarios»,  con  lo cual resultó  «afectado gravemente el ejercicio de la jurisdicción  indígena».   

          3.-   Solicita,   conforme   a  lo  relatado,  que  se  amparen  las  prerrogativas invocadas.   

LA RESPUESTA DE LOS ACCIONADOS  

            La   célula   judicial  recriminada  acotó,   en   suma,  que  «[l]a  tutela  en este caso es improcedente porque no  busca  la  protección  de  un  derecho  fundamental,  pues la orden de libertad  emitida  en  la  acción  de h[á]beas corpus es provisional y en nada afecta la  investigación  que  se  adelante, por lo que no se ha desconocido el derecho de  la  comunidad  indígena  a  aplicar  su  justicia  propia,  y  para  nada se ha  interferido  o  hecho  relación  a  la  investigación del delito por el que se  acusa      a     su     comunero»     (fls.     122    a    125, cdno. 1).   

           

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

           El   tribunal   amparó  los  derechos  fundamentales     «deprecados    por    la    parte  actora»,   y   al   efecto   dejó   «sin  valor  […]  el proveído proferido por [el juzgado accionado]  el  27 de agosto de 2014 al interior de la acción de Hábeas Corpus interpuesta  por  […]  William  Andrés  Gañán Andica [para que] dentro de las cuarenta y  ocho  (48)  horas  siguientes  a  la  notificación  del presente fallo, acometa  nuevamente   el   estudio   del   referido   proceso   y   profiera   una  nueva  decisión».   

Al  respecto,  puntualizó  que el quebranto  enrostrado  «en  el presente asunto resulta evidente,  toda  vez  que  la  […] juez[a] accionada no ponderó el derecho de diversidad  étnica  y cultural y el de libertad que se le puso en su conocimiento a través  de  la  acción  de  hábeas  corpus;  no  aplicó  los  principios establecidos  jurisprudencialmente  para la solución de casos relacionados con tensión entre  la  normatividad  ordinaria  y  la de cada comunidad indígena     -igualdad   en   la   diferencia   y  maximización  de la autonomía de las comunidades indígenas y la minimización  de  las  restricciones-;  tampoco  adujo  razón  alguna  para  decidir sobre el  hábeas  corpus  de  cara  a  los  criterios  establecidos por la jurisprudencia  constitucional   para   la   determinación   del   fuero  indígena  -objetivo,  territorial,  personal e institucional-; y concluyó de manera inadecuada que la  comunidad  indígena  había sobrepasado los límites mínimos que en materia de  derechos  humanos  deben  cumplir  las  autoridades  de  esa  naturaleza  en  el  ejercicio  de  sus  funciones jurisdiccionales y que responden, “a un consenso  intercultural    sobre    lo   que   ‘verdaderamente  resulta  intolerable  por  atentar contra los bienes  más     preciosos     del    hombre’,  es decir, el derecho a la vida, la prohibición de la esclavitud,  la  prohibición  de  la  tortura  y,  por  expresa exigencia constitucional, la  legalidad  en  el  procedimiento, en los delitos y en las penas (entendiendo por  ello,   que  todo  juzgamiento  deberá  hacerse  conforme  a  las  ‘normas  y  procedimientos’ de la comunidad indígena, atendiendo  a  la especificidad de la organización social y política de que se trate, así  como    a    los    caracteres   de   su   ordenamiento   jurídico)”.   Limitaciones  a  la  jurisdicción  indígena  -respeto  a los derechos a la vida, a la prohibición de tortura, los  tratos  crueles,  degradantes  e  inhumanos  y al debido proceso- que igualmente  deben  ser  ponderados  y, sobre los que no se evidencia en la providencia de la  convocada mayor análisis».   

A  continuación  sostuvo que «si  bien  el  hábeas corpus está destinado a proteger a la persona  de  la  privación  ilegal  de  libertad o su indebida prolongación»,  también lo es que «para eventos como  el  que  atañe -jurisdicción indígena- tal postulado debía aplicarse de cara  al  respeto  de  la diversidad étnica y cultural de las comunidades indígenas,  en  lo  que respecta al reconocimiento de sus propias normas y procedimientos en  la  aplicación de su jurisdicción -246 CP- aspecto que no se tuvo en cuenta en  el  proveído  confutado»,  lo  cual se evidencia del  «texto  de la propia providencia en la que si bien se  hizo  alusión al derecho indígena y el respecto a su decisiones, lo cierto es,  que  tales  postulados  no  se  tuvieron  en  cuenta  al  momento de resolver la  controversia  planteada,  pues  en ella se adujo que al comunero no se le había  dado  la  oportunidad  de defenderse de los cargos que la comunidad de imputada,  que  no  tenía un defensor, que no conocía los motivos de su encierro y que el  término  del mismo no se había determinado; sin embargo, de la declaración de  […]  Gañán  Andica  en el trámite afirmó que el Consejo de la Comunidad lo  había  “escuchado”, le había “comentado” su situación e informado que  “estaban   haciendo   la   investigación”   de   su  situación».   

Además,    denotó,    «obra  en  el plenario, que la Consejería indígena notificó “[a]  Rubiera  Andica  y  demás familia”, que […] William Andrés Gañán, estaba  interno  en  el  centro  de  resocialización,  que  en el momento se encontraba  “llevando  un  debido proceso y este se encuentra en su etapa inicial” y que  el  interno  debía permanecer en encierro permanente por un periodo de 6 meses,  pero  por  encontrar que aquel debía velar por su familia, tal etapa sería por  un  periodo  de  3  meses,  término  después  del cual, [é]l pasaría a tener  permisos    para   salir   a   realizar   trabajos   para   colaborar   con   su  familia».   

Por  tanto, puso de presente, «la  vulneración  al  debido  proceso,  aducida por la juez[a] en su  momento  y de cara a las costumbres de la comunidad indígena San Lorenzo, no se  había  configurado,  pues  atendiendo a los usos y costumbres del resguardo, el  trámite  pertinente  a  la investigación de la conducta que se le reprochaba y  su  confinamiento tenían sustento en su propia justicia, no de la forma como lo  percibió  la  funcionaría, pero sí de la manera como tal comunidad aborda sus  conflictos».   

Finalmente,  manifestó  que  «[t]ampoco  podía  concluirse  que  en el  caso  del  comunero  confinado  se  estuvieran  propinando  tratos  degradantes,  crueles  y  humillantes  como  lo  sostuvo  la  a-quo  frente  al  suministro de  alimentos,  pues bien dijo el comunero en su momento que aunque su alimentación  por  disposición  del  resguardo  está  a cargo de su familia y que aquella en  algunas  ocasiones  no  podía  suministrarlos,  también  informó  que  en  la  comunidad  había  personas  muy  generosas  por  las  que  no  “he  aguantado  hambre”  aunque  en  3  o  4  ocasiones se había quedado sin raciones para su  alimentación;   situación  que  no  comportaba  violación  a  las  garantías  constitucionales   de   quien   se   encontraba  en  encierro.  La  información  suministrada  por  el  afectado,  concuerda  con  la  ahora  suministrada por el  gobernador  referente  a  la  manera  como  usualmente  atiende  la comunidad la  alimentación  de  los  internos  en  el  Centro de Resocialización»  (fls.  131  a  138,  ídem).   

LA IMPUGNACIÓN  

          Fue formulada por William Andrés Gañan  Andica;  empero, hasta la hora de discusión del proyecto no indicó las razones  de   su  inconformidad  (fl.  147,  ídem).   

CONSIDERACIONES  

          1.-  Relativamente  a la formulación de  acciones  de amparo contra decisiones que definen solicitudes de hábeas corpus,  esta  Corporación  ha  sostenido  que,  en  línea de principio, «el   amparo   deviene  improcedente  frente  a  las  determinaciones  adoptadas  por  los  juzgadores  que  niegan  la libertad de quien ha acudido al  trámite  de  hábeas  corpus, porque “tales decisiones escapan, en principio,  de  examen por parte del juez constitucional mediante la acción de tutela, pues  ellas   en   sí   mismas   consideradas   encarnan   una   excepcional  acción  constitucional     para     la     defensa     de    un    particular    derecho  fundamental”»   (CSJ   STC,  13  dic.  2013,  rad.  02864-00).   

          Con todo, la Corte también ha señalado  que   el   aserto  de  marras  detenta  puntuales  excepciones,  comoquiera  que  «al   juez   de   tutela  le  está  restringida  la  posibilidad  de  examinar  en  esta  puntual esfera decisiones emitidas en otras  acciones,  también  de  naturaleza constitucional, habida cuenta que, en línea  de  principio,  esto  es,  salvo  que  esté de por medio una grave y manifiesta  vulneración  del  derecho al debido proceso o a la defensa […], es equivocado  un  nuevo  estudio del mismo carácter o temperamento»  (CSJ STC, 30 may. 2013, rad. 01116-00).   

         2.- Centrada la Sala en la impugnación,  resulta  evidente  que la misma se enfila a rebatir el fallo de primer grado, en  pro  de  que  se  revoque,  para  que así la decisión de 27 de agosto de 2014,  mediante  la  cual  se  resolvió  la  acción  de  hábeas  corpus  materia  de  pronunciamiento,  recobre  la  valía que constitucionalmente le fue sustraída.   

          3.-   Como  acreditaciones              allegadas,  obran las siguientes:   

                3.1.-        Comunicación  fechada  el  7 de mayo de  2014,   enviada   por   la   Consejería   Indígena  del Resguardo San Lorenzo a  la      respectiva  Guardia,  para que se haga  «llegar»  a William  Gañán  Andica  al  «centro de  resocialización  e  informarle que debe traer los implementos de uso personal y  a  la  familia  que  deben hacerse cargo de la alimentación del mismo, mientras  permanezca  en  el centro. Explicarle que esta medida ya se le había notificado  desde   la   consejería»   (fl.   33,   cdno.  1).   

           3.2.-   Escrito   elevado   por   un  «consejero», mediante el  que  se  hace  el  «ingreso  de  […]  William  Andrés  Andica [sic] al centro  de  resocialización,  bajo  el  cargo  de acceso carnal abusivo en contra de la  menor  […]  de  la  comunidad  de  San  José» (fl.  34,   ídem).   

            3.3.-  Notificación  efectuada el  27  de  junio  del  presente  año  a  Rubiela Andica  «y       demás  familia»,  en  la que «se  les  informa que […] William Andrés Gañán comunero que se encuentra interno  en  el centro de resocialización, en el momento se encuentra llevando un debido  proceso  y  este  se  encuentra en etapa inicial en la  que  el  interno  debe  permanecer en encierro permanente por un periodo  de  seis  meses,  en  este  caso y  teniendo   en   cuenta  la  situación  de  ser  hijo  único  y  que  debe velar por su familia,  esta  etapa  será  por  un  periodo  de tres meses, después de  transcurrido  este  tiempo  [él] pasará a tener permisos para salir a realizar  trabajos  para  que  pueda  colaborarle a la familia»  (fl.           45,          ídem).   

                3.4.-        Escrito  de  la  Consejería  Indígena  a  la  Guardia,  enterándolos  que  William  Gañán  «tiene  permiso  para salir a una actividad familiar  […],  para  ello  se  solicita  la compañía de un guardia desde la salida en  horas  de  la  mañana  hasta  el  regreso» (fl. 51,  ídem).   

                3.5.-        Respuesta    del    ente    querellante    al    hábeas    corpus  promovido  por el sujeto  atrás  mentado  (fls.  59  a  61,  ídem).   

               3.6.-        Providencia  de  27  de  agosto de 2014,  objeto  de  reparo, mediante la cual se resolvió la  acción         de         marras.  En ella,  el   juzgado  encartado,  a  fin  de  «conceder        la        libertad  inmediata»     a   William    Andrés    Gañán    Andica,    entre   otras   cosas,   sostuvo  que    «[e]n este particular caso la pretensión  de  libertad  aducida  en  favor  de William Andrés Gañán Andica,  contra  quienes lo han privado de ella,  al  parecer  mientras  se  adelanta  una  investigación  para  determinar si ha  cometido  delito,  se  encuentra  orientada a determinar que no existe una orden  oral  o escrita para dicha privación y ese hecho se verificó en la diligencias  obtenidas  por  el  despacho  y  aportadas  por  la  Comisión  de  Justicia del  Resguardo  Indígena de San Lorenzo, por lo que la privación deviene en ilegal,  al  haber  sido capturado desde el 18 de mayo del año que transcurre y hasta la  fecha  no haberse tomado una decisión que defina su situación, por lo menos de  ello  no  hay  reseña escrita, ni que se le haya informado sobre cuánto tiempo  durará  la  privación,  tampoco  este  hecho  se  le ha manifestado en las dos  entrevistas  que  ha  tenido  con  la  comisión que conoce de su caso, no se le  permite  la  asistencia  de  un  letrado  o  de  un  compañero de comunidad que  garantice  sus derechos, no hay orden, de retención o detención emitida por la  autoridad  indígena competente, por lo menos de esto no existe constancia, todo  lo  cual  violenta  de  manera  grave  no sólo el ordenamiento constitucional y  legal  colombiano,  sino  también el catálogo de derechos humanos, promulgados  por  la  Comisión  Interamericana de los mismos y todos los demás instrumentos  internacionales  adoptados  por  Colombia en el trato de personas privadas de la  libertad,   lo   que  se  constituye  en  una  detención  arbitraria  y  en  un  sometimiento  de  un  colombiano  a  tratos crueles e inhumanos proscritos en el  mundo  entero,  por abuso de la autoridad indígena, que debe sometimiento a las  normas  nacionales e internacionales sobre el asunto como miembros de una unidad  nacional,  cualquiera  que  sea  su  sistema de juzgamiento en aplicación de la  potestad  de  aplicar justicia propia consagrada en el artículo 246  de la Constitución nacional».   

          Agregó que «se  tiene  que  al  actor  se le realizó una detención sin haber sido informado de  los  motivos  de la misma, y sin que a la fecha se le hayan proporcionado medios  de  defensa,  pues  durante  el  trámite  del proceso no ha estado asistido por  defensor  alguno,  circunstancias  que demuestran que se le viene violentando el  debido  proceso,  de  otro  lado  la  autoridad  que  tomó la determinación de  privación  de  la  libertad  a la fecha no ha resuelto sobre el caso, no existe  ninguna  orden  oral o escrita que dé cuenta del momento de la detención y del  cómputo  de  tal  tiempo,  además  no se le suministra la alimentación, se le  somete  a  sus  familiares  cercanos  que  aunque viven en la misma región pero  lejos  a  40  o 45 minutos a pie que le suministren los alimentos, con carencias  económicas  que  se  los  impide y lo somete a la caridad de las personas de la  zona  urbana  del  Resguardo  de San Lorenzo, cuando no a abstenerse de consumir  los   alimentos,  lo  que  le  está  además  proporcionando  un  trato  cruel,  humillante  y  alejado de la dignidad humana en que debe soportar la reclusión,  y  no  sólo  lo  ha  privado  de  su  libertad si no del goce de otros derechos  fundamentales  como  la  defensa,  la  alimentación,  a conocer hasta cuando se  prolongará  su  reclusión y a una decisión, que aunque no tenga consagración  escrita  debe  ser  considerada  por  quienes  son  sus  justicieros».   

         Por  tanto,  manifestó,  «efectivamente  se  están  vulnerando  derechos  fundamentales  consagrados  por  la humanidad en favor de las personas  reclusas  cualquiera  que  sea su situación, creencia, raza, sexo, o condición  económica,  social  a  la  vida  digna,  por parte del Gobernador del Resguardo  Indígena    de   San   Lorenzo,   la   Comisión  de  Justicia  y el Centro   de   Resocialización   del   mismo  resguardo,  al  mantener  privado de la libertad en  forma  preventiva y mientras investiga, sin suministrarle alimentos a un miembro  de  su  comunidad acusado de la comisión de un delito o falta contra un miembro  de  su  propia  comunidad,  y  aunque  no  haya  parámetros,  procedimientos  o  expedientes  sobre  los  cuales  consultar, sí se evidencia la violación a los  derechos   fundamentales  a  la  libertad  y  ser  tratado  dignamente  por  sus  compañeros  de  etnia, evitando tratos humillantes, degradantes e inhumanos que  ponen  en  peligro  la  salud  y  la  vida  del accionante, por lo que impera la  prosperidad  del amparo constitucional» (fls. 62 a 78,  ídem).    

            4.- Se impone  ratificar  la      salvaguarda     otorgada,     según     pasa     a  exponerse.   

                      4.1.-                   Relativamente   al   tema   del  reconocimiento  constitucional  de  la  jurisdicción  indígena,  esta  Corporación  ha tenido  ocasión  de  señalar, entre otras providencias, en CSJ AHP, 16 jul. 2009, rad.  32233, que:   

Es   indudable   que   el   ordenamiento  constitucional  reconoce  y  garantiza  la  diversidad  étnica y cultural de la  Nación  y,  en  desarrollo  de  ello protege sus tradiciones lingüísticas, su  identidad  cultural,  social  y  económica,  las  cuales constituyen verdaderos  mandatos    que    deben    ser   observados   por   las   autoridades   y   los  particulares.   

Es así como en el artículo 1º de la Carta  Política,  el  constituyente  definió  que  Colombia es un “Estado social de  derecho,  organizado  en  forma  de  república  unitaria,  descentralizada, con  autonomía   de  sus  entidades  territoriales,  democrática,  participativa  y  pluralista,  fundada  en  el  respeto  a  la dignidad humana, en el trabajo y la  solidaridad  de  las  personas  que la integran y en la prevalencia del interés  general”.   

La pluralidad que allí se reconoce encuentra  concreción,  entre  otras  normas  de  la  misma Carta, en el artículo 7º, en  cuanto  determina  que  “el  Estado reconoce y protege la diversidad étnica y  cultural  de  la nación colombiana”; en el 286, al señalar que son entidades  territoriales   “los  departamentos,  los  distritos,  los  municipios  y  los  territorios  indígenas…”;  en  el 329, cuando establece la conformación de  las  entidades  territoriales  indígenas  con  sujeción  a la ley orgánica de  ordenamiento  territorial,  cuya delimitación se hará por el gobierno nacional  con  participación  de  los  representantes  de  las comunidades indígenas, al  tiempo  que  reconoce  que  “los  resguardos  son  de propiedad colectiva y no  enajenable”;  en el artículo 330 en cuanto reglamenta la organización de los  territorios  indígenas,  señalando  que  de conformidad con la Constitución y  las   leyes,   los   mismos  estarán  gobernados  por  consejos  conformados  y  reglamentados  según  los  usos y costumbres de sus comunidades y establece sus  funciones;   y,   finalmente,   en  el  artículo  246  en  cuanto  reconoce  la  jurisdicción  indígena  dentro  de  su ámbito territorial, de conformidad con  sus  propias  normas  y  procedimientos,  siempre  que  no  sean contrarios a la  Constitución y las leyes de la República.   

Tal  plexo  normativo demuestra a las claras  que  las comunidades indígenas, como lo tiene dicho la doctrina constitucional,  son  verdaderas  organizaciones,  sujetos  de  derechos y obligaciones, que, por  medio  de  sus  autoridades,  ejercen  poder sobre los miembros que las integran  hasta  el  extremo  de  adoptar  su  propia  modalidad de gobierno, que gozan de  autonomía  política  y  jurídica  que  debe ejercerse dentro de los estrictos  parámetros  señalados  por  el  mismo texto constitucional, de conformidad con  sus  usos y costumbres, siempre y cuando no sean contrarios a la Constitución y  a la ley, de forma que asegure la unidad nacional.   

Su   jurisdicción  se  ha  consagrado  en  concordancia  con  el  pluralismo y la diversidad socio-cultural que proclama la  Carta   Política,  estableciendo  a  los  cabildos  indígenas  como  entidades  públicas  especiales  encargadas  de  representar  legalmente  a sus grupos, de  conformidad  con lo preceptuado en el artículo 20 del Decreto 2001 de 1988 y en  el artículo 246 de la Constitución Política.   

          Es, conforme a lo anterior, que la Corte  Constitucional,  en sentencia T-552 de 10 de julio de 2013, sobre el tópico que  viene tratándose, relevó que:   

[P]ara que proceda la jurisdicción indígena  sería  necesario  acreditar  que  (i)  nos  encontramos  frente a una comunidad  indígena,  que  (ii) cuenta con autoridades tradicionales, que (iii) ejercen su  autoridad  en  un  ámbito  territorial determinado. […] (iv) la existencia de  usos   y   prácticas   tradicionales,   tanto  en  lo  sustantivo  como  en  lo  procedimental  y,  (v)  la condición de que tales usos y prácticas no resulten  contrarias a la Constitución o a la Ley.   

[…] En cualquier caso resulta claro que la  consagración  constitucional  de  la  jurisdicción  especial  para los pueblos  indígenas  comporta  el reconocimiento de un cierto poder legislativo para esas  comunidades,  por  virtud del cual sus usos y prácticas tradicionales desplazan  a  la  legislación  nacional  en  cuanto  a  la  definición  de la competencia  orgánica,  de  las  normas  sustantivas  aplicables  y de los procedimientos de  juzgamiento.   

Por  supuesto,  al  efecto de esclarecer los  lindes  potestativos de la mentada jurisdicción, mal puede pasarse por alto que  entre   la   aceptación   constitucional   del   principio   de  «diversidad   étnica  y  cultural»  y  el  reconocimiento  de  la  presencia  de  los  «derechos  fundamentales»,  existe  una tensión que entre ellos  pugna,  por cuanto que, según fue advertido en la sentencia T-254 de 30 de mayo  de  1994,  «el  respeto  de  la  diversidad supone la  aceptación  de  cosmovisiones  y  de  estándares  valorativos diversos y hasta  contrarios  a  los  valores  de una ética universal».   

Advertida  esa  tirantez,  también la Corte  Constitucional,  en el fallo T-349 de 1996 (citado en el T-002 de 11 de enero de  2012),  fijó ciertos parámetros para la resolución de los aprietos que puedan  acaecer  entre  el  postulado  arriba  referido  respecto  de otros de semejante  graduación,  y  señaló  los  confines que deberán atender las «autoridades     indígenas»    en    el  «ejercicio de funciones jurisdiccionales dentro de su  territorio».  Ello,  destacando  que deviene cardinal  que  el  intérprete,  al  aquilatar  los provechos que puedan enfrentarse en un  caso  concreto  al  interés  de  la  preservación  de  la diversidad étnica y  cultural  de  la  Nación,  atienda a la regla consistente en que «sólo  con  un alto grado de autonomía es posible la superviviencia  cultural        […]       la       maximización  de la autonomía de las comunidades indígenas y, por  lo  tanto,  la  de  la  minimización  de  las restricciones indispensables para  salvaguardar       intereses       de       superior      jerarquía»,   

Ese     criterio,     «conllevó  a  establecer que, en un caso concreto, sólo podrán ser  admitidas   como   restricciones   a  la  autonomía  de  las  comunidades,  las  siguientes:  “a.  Que  se  trate  de una medida necesaria para salvaguardar un  interés  de  superior jerarquía (vg. la seguridad interna). “b. Que se trate  de  la  medida  menos  gravosa  para  la  autonomía  que  se les reconoce a las  comunidades  étnicas”» (CSJ AHP, 16 jul. 2009, rad.  32233).   

Bajo  tal  sentido, la Corporación Nacional  que  está  encargada  de la guarda de la Constitución, en la providencia T-523  de  1997,  determinó  que  los  confines  mínimos  que  en materia de derechos  humanos  deben  cumplir  las  autoridades  indígenas  en  el  ejercicio  de sus  funciones  jurisdiccionales  responden  «a un consenso  intercultural  sobre  lo  que  “verdaderamente resulta intolerable por atentar  contra  los bienes más preciosos del hombre”, es decir, el derecho a la vida,  la  prohibición  de la esclavitud, la prohibición de la tortura y, por expresa  exigencia  constitucional,  la  legalidad  en  el  procedimiento,  en   los  delitos  y  en  las  penas  (entendiendo  por ello, que todo juzgamiento deberá  hacerse  conforme a las “normas y procedimientos” de la comunidad indígena,  atendiendo  a  la especificidad de la organización social y política de que se  trate,  así  como a los caracteres de su ordenamiento jurídico). Estas medidas  se  justifican  porque  son  “necesarias  para  proteger intereses de superior  jerarquía  y  son  las  menores  restricciones  imaginables  a la luz del texto  constitucional”».   

4.2.-  Pues  bien,  examinada la providencia  emitida  por  el  juzgado  encartado, así como las acreditaciones allegadas, se  concluye  que,  como  ya  fuera  dicho, la solicitud de resguardo constitucional  debe   prosperar,   según  decidió  el  tribunal  a  quo,   por  cuanto,  con  las  miras  puestas  en  la  panorámica  que viene de evidenciarse, efectivamente    incurrió    en    un    proceder    anómalo,   habida   cuenta   que  para  concluir  que  se produjo la ilegal privación de la libertad colegida, soslayó  analizar  el  tema expuesto, como necesariamente había de hacerlo, de acuerdo a  la   precisa   óptica   de   lo   que  se  debe  entender  como  «debido  proceso» según los lineamientos  que  al  efecto  rigen  en  la  comunidad  indígena a la cual pertenece William  Andrés Gañán Andica.   

          Al  efecto,  es  de  ver que el despacho  enjuiciado  no asumió la tarea de profundizar sobre el procedimiento emprendido  por  la  Consejería  Indígena  San  Lorenzo,  por  virtud  del  cual aquel fue  ingresado  al  Centro  de  Resocialización, y si el mismo cumplió o no con las  reglas  que a ese grupo étnico gobiernan en el decurso de tales actuaciones; al  contrario,  erróneamente  partió de premisas que no consultan con la realidad,  ya  que  adujo  que  a Gañán Andica no se le había comunicado la razón de su  permanencia  allí,  cuando  lo cierto es que a él se le informó que se estaba  adelantando  investigación  por el acto sexual mantenido con menor de 14 años,  hecho que también a su familia se le puso de presente.   

           Al  margen  de  lo  anterior,  también  expresó  que  el  actor  estaba  padeciendo  por  la  falta  de  suministro  de  alimentos,  cuando  lo cierto es que este mismo señaló sobre el particular que  en  las  pocas  ocasiones  en  que  su familia no había podido llevárselos, la  comunidad  se los proporcionó, de donde surge que tampoco está siendo afectado  en cuanto a tal tópico.   

          Por  tanto,  de  inmediato  surge que el  análisis  realizado  sobre  la  justicia impartida por el cabildo accionante no  fue  el  adecuado,  debilitándose  de  tal  modo  el laborío emprendido por la  célula  judicial  acusada,  itérase,  en tanto que declinó abordar el tópico  que  era  la  cuestión nodular que debía resolverse conforme a la tesitura del  debate propuesto, mismo que en antes quedó expuesto.   

          Y  es  que,  en  ilación a lo anterior,  valga   señalar   que  aquí  no  se  está  expresando  tajantemente  que  las  actuaciones       de      la      «jurisdicción  indígena» sean intangibles cuando de por medio está  la  grave  afrenta de un derecho fundamental. No, lo que se pregona, es que para  que  pueda  abrirse  paso  tal  injerencia, han de desplegarse toda una serie de  razones,  de  profunda  naturaleza,  para  establecer si un determinado proceder  está,  a  la óptica de la mentada cultura étnica de impartición de justicia,  apegada  o  no  a  sus  propios  parámetros, para que, luego de ello, sea dable  ponderar  si tales procederes, mirados desde el punto de vista constitucional de  las  prerrogativas  superiores, están llamados a ser intervenidos por cuenta de  erigirse  en  quebrantadores  de  los  intereses  superiores  que salvaguarda la  Constitución  Política  pero,  eso sí, sin olvidar que también el tema de la  administración  de  justicia indígena es asunto que igualmente está protegido  por aquella.   

          De  ahí  que, se insiste, ha de tenerse  mucho   celo   en   respetar   los   «procedimientos  judiciales»  en tal escenario emprendidos, para que a  la   hora   de   velar   por   el   debido   respeto   de   los   «derechos  fundamentales»  que  asisten a  todos  los  sujetos que pisan suelo patrio, no se resquebrajen, sin mérito para  ello,  las  prerrogativas  que  asisten  a  los pueblos nativos de, entre otras,  administrar  justicia  autónomamente,  concepto  que  otorga,  conforme así lo  relevó  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,   en   línea   de   principio,   «a  las  autoridades  indígenas  la  potestad  de asumir sus propias responsabilidades a  desarrollar  de acuerdo a su conciencia e identidad cultural, en razón de estar  habilitados  para  gobernarse  y  autodeterminarse  por  mandato  constitucional  expreso,  pues contando en su interior con mandamientos que los regentan, según  sus   tradiciones,  costumbres  y  usos,  debe  permitírseles  desarrollar  esa  cultura,  cultivada  con  identidad  propia  y  mantenida por encima de factores  endógenos    que   han   intentado   perturbarla   o   desconocerla»     (Auto     de     6     jun.     2012,    rad.    110010102000201201263-00).   

            4.3.- Así las cosas, según lo propio  se  denotó  en  un asunto que guarda correspondencia con el ahora abordado (CSJ  AHP, 16 jul. 2009, rad. 32233), cumple relevar que:   

[N]o  se  ha  puesto  en  tela  de juicio la  legitimidad  de  la  autoridad  indígena para regular aspectos tales como el de  las  infracciones o violaciones penales que afectan a la comunidad, la autoridad  competente  para  sancionarlas, el trámite que debe seguirse en ese cometido y,  finalmente, el tipo de pena subsecuente.   

Y,  si  ya  se  hizo claro que la naturaleza  subsidiaria  de  la  acción  de  hábeas  corpus  impide  invadir  órbitas  de  competencia  ajena  dentro  de  la jurisdicción ordinaria, la exigencia se hace  mayor  cuando  lo  que  se  halla en juego es un bien constitucional que goza de  profundo  acento  protectivo en los ámbitos interno y externo, cual es el de la  autonomía  de  las comunidades indígenas, ya que el inmiscuirse en ellas, como  arriba  se  vio,  representa  la  posibilidad  no  solo  de  afectar  su  propia  cosmovisión,   sino   de   poner   en  peligro  el  bien  máximo  de  la   supervivencia cultural.   

Bajo  estas  aristas insoslayables, evidente  surge  que  cualquier  controversia en torno del trámite seguido, la naturaleza  de  las pruebas recogidas o la justicia de la sanción, debe abordarse dentro de  su  propio  escenario y no a través de la especialísima acción constitucional  encaminada  a  proteger  una  libertad  que, como se vio, ha sido legítimamente  restringida.   

          5.- Según lo discurrido, se ratificará  la providencia materia de impugnación.   

DECISIÓN  

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en  nombre  de  la  República  y  por autoridad de la ley, CONFIRMA la sentencia de  fecha,   contenido   y   procedencia   puntualizados   en   la  motivación  que  antecede.   

            Comuníquese   telegráficamente   lo  resuelto  en  esta  providencia  a  los  interesados y oportunamente envíese el  expediente a la Corte Constitucional para su eventual revisión.   

                     

Notifíquese  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

(Presidente de Sala)  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *